SANAR HERIDAS DURANTE LA CUARESMA 29

Miércoles IV de Cuaresma

Sacerdote Daniel Valdez García

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Quiero agradecer a aquellos de ustedes que comparten sus reacciones y comentarios sobre mis reflexiones. Lamento no haber podido responderles a todos debido a mis múltiples ocupaciones.

Esta es nuestra reflexión número 29 en este tiempo de Cuaresma, enfocada en sanar heridas. Las lecturas recientes nos guían en esta temática, complementadas por las oraciones de la Eucaristía, la Oración Universal y las del Prefacio, que también abordan la sanación.

Durante la Cuaresma, leemos los cánticos del Siervo del profeta Isaías. Hoy nos concentraremos en uno de estos pasajes.

Lectura del Libro de Isaías 49, 8-15: Esto dice el Señor:
“En el tiempo de la misericordia te escuché,
en el día de la salvación te auxilié…”

Evangelio según San Juan 5, 17-30: “En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que lo criticaban por sus curaciones en sábado: “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo..”

La misericordia es la fuente principal de sanación que emana del corazón de Dios. Aquellos que permanecen atrapados en su pasado pueden volverse amargados, lo cual es una enfermedad moral. Similarmente, quienes se obsesionan con el futuro suelen angustiarse, una enfermedad de la mente.

Vivir con gratitud por el pasado y esperanza hacia el futuro nos ayuda a vivir el presente con pasión. El pasado ya fue, y el futuro es incierto. Al confiar en Dios, podemos disfrutar de una vida saludable física, moral, mental y espiritualmente. Sin salud adecuada, no podremos asistir a los demás como deseamos.

El Evangelio nos habla sobre cómo Jesús fue criticado por curar en sábado. Él usó esta crítica para declarar su identidad como Hijo de Dios y Señor del sábado, lo que eventualmente llevaría a su condena. Cuando Jesús afirmó ser el Hijo de Dios, el sumo sacerdote lo acusó de blasfemia.

Jesús solía referirse a Dios como Padre, pero diferenciaba entre su relación con Dios y la que tienen los demás. Él afirmó que su filiación es natural, y mostró así su divinidad. Este pasaje es crucial para comprender el misterio de la Santísima Trinidad.

Hoy, el Señor hace referencia a la idea de que aquellos que escuchan y creen en Él tienen vida eterna. Esta no es la vida definitiva, pero sí un principio de participación en su promesa. Es crucial que escuchemos la Palabra de Jesús, que nos salva. La lectura y meditación del Evangelio deben ser parte de nuestras prácticas habituales.

San Efrén enseñó que la Palabra de Dios es una fuente inagotable de vida.

Amén, Señor Jesús.