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SIN TON NI SON

Francisco Javier Escamilla Hernández

El día en que Colón zarpó en 1492, él no sabía que iba a encontrar un mundo nuevo, lo que estaba buscando era una alternativa para llegar a Asia, principalmente la India. Esto por encargo de los Reyes de España Fernando e Isabel, los llamados Reyes Católicos. Pero al llegar Colón a América y, después de varios viajes, darse cuenta de que lo que había encontrado era inmenso, el deseo de conquistar regiones nuevas, inmensas y ricas produjo una fiebre en toda la península. Los soldados españoles se lanzaron conquistar enormes territorios durante los cincuenta años siguientes, tanto en Norte como en Centro y Sudamérica, al tiempo que asesinaban a miles y miles de nativos americanos. Gracias a la obtención de fabulosas riquezas del Nuevo Mundo, España alcanzó su momento más brillante como superpotencia mundial.

En 1550, el nieto de Isabel y Fernando, Carlos V, reunió dos grandes pensadores de la principal universidad de aquellos tiempos en España, la de Valladolid, con la finalidad de iniciar un debate de gran alcance sobre su política exterior: este Rey estaba preocupado por el baño de sangre que se estaba dando en América ¡Acaso era correcto continuar ampliando el Imperio español con tan alto costo en vidas humanas!

En un lado del debate se encontraba un monje dominico de nombre Bartolomé de Las Casas, quien en 1493 era un niño que asistió al desfile de la victoria en Sevilla, con el que se recibió a Cristóbal Colón después de haber descubierto América. En 1502 el dominico se trasladó al nuevo continente acompañado de algunos familiares, como parte de la primera ola de asentamientos españoles en este continente. Ya en el Nuevo Mundo, quedó horrorizado al observar la crueldad de los conquistadores españoles. Ante los Reyes, suplicó una conducta más humana de parte de los españoles en las Américas.

En aquel debate se enfrentaba a Juan Ginés Sepúlveda, personaje nacido en 1490 y muerto en 1573, era un humanista que creía que los españoles tenían el deber de “cristianizar” a los indios de América utilizando cualquier método que fuese necesario. A los ojos de este individuo, tribus nativas, tales como los aztecas, eran meros bárbaros que realizaban sacrificios humanos y practicaban el canibalismo. Los españoles no sólo tenían el derecho de someter a los nativos, sino la obligación de expandir la civilización occidental. “Los perfectos deben ordenar y dirigir a los imperfectos”, escribió en 1547 haciendo referencia a Aristóteles, para defender lo que el denominaba “la guerra justa” contra los indios.

En tan sólo dos generaciones, los españoles habían destruido los grandes imperios Azteca e Inca. El Rey Carlos V simpatizó con los requerimientos de fray Bartolomé, pero ya era demasiado tarde: para bien o para mal, la colonización de las Américas por parte de los europeos ya había comenzado.

Comentarios: fjescamilla53@gmail.com                          Twitter: @_copitoo

 

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