SIN TON NI SON

Los días pasados hemos vivido experiencias que no se habían tenido en México, experiencias que deberían invitarnos a la reflexión y no dejarlas pasar así nomás; es por ello que ahora me voy a referir al libre albedrío:
Para que podamos ser responsables, desde un punto de vista moral, de algo que hemos hecho tenemos que haberlo realizado libremente. Por ejemplo, si usted ve a un niño que se está ahogando en la piscina, pero usted está encadenado a la silla en que se sienta, sin poder soltarse, entonces no se le puede culpar moralmente de no haber salvado al niño en aprietos. De la misma manera, si a usted le han aplicado una droga y le ordenan que cometa un crimen, difícilmente será responsable porque su voluntad (consciencia volitiva) estaba coartada.
Según algunas teorías científico-filosóficas, el mundo es determinista: si se considera la forma en que el mundo ha sido en el pasado y las leyes físicas que lo gobiernan, sólo hay un futuro posible. Si esta idea la hacemos extensiva y sugerimos que es aplicable a las acciones de un hombre, entonces justo antes de que este hombre realice una acción, teniendo en cuenta cómo ha sido el mundo en el pasado y las leyes físicas que lo rigen, sólo hay una consecuencia posible. En este momento ya está determinado lo que hará en cada instante de su futuro. ¿Acaso un determinismo de este tipo borra cualquier responsabilidad moral? Si realiza una acción moralmente cuestionable, ¿podría argumentar que las leyes físicas y la historia del universo se conjuraron de tal manera que no le quedaba otra alternativa?
Si usted cree que el libre albedrío y el determinismo son incompatibles, entonces tendrá o bien que renegar del determinismo o bien negar la responsabilidad moral. Si niega que existe el determinismo, tendrá que creer que en el mundo hay un verdadero indeterminismo casual, puesto en escena por agentes libres como nosotros. Las leyes de la naturaleza no han determinado cuál será el futuro del mundo y nosotros lo iremos determinando a través de cada uno de nuestros actos. Si rechaza que exista la responsabilidad moral, entonces deberá defender que el mundo es determinista y que por tanto carecemos de libre albedrío.
La eminente filósofa rusa, Ayn Rand, escribe en su novela “El manantial” esta reflexión acerca del libre albedrío:<< Pensar es un acto de elección. La clave de lo que tan frívolamente llamáis la “naturaleza humana”, el secreto a voces con el que vivís pero que teméis nombrar, es el hecho que el hombre es un ser de consciencia volitiva. La razón no funciona automáticamente; pensar no es un proceso mecánico; las conexiones de lógica no se hacen por instinto. La función de tu estómago, de tus pulmones o de tu corazón es automática, la función de tu mente no lo es. En cualquier hora y circunstancia de tu vida eres libre de pensar o de evadir ese esfuerzo. Pero no eres libre de escapar de tu naturaleza, del hecho que la razón es tu medio de supervivencia – así que para ti, que eres un ser humano, la cuestión “ser o no ser” es la cuestión “pensar o no pensar”. Un ser de consciencia volitiva no posee un curso automático de conducta. Necesita un código de valores que guíe sus acciones.>>

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