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A mitad de la semana

Por Julián Alfonso Chávez Trueba

Estados Unidos Mexicanos o sólo México.

Unos de los temas más controvertidos que si bien no es esencial o trascendental en la vida de todos nosotros, pero implica una reforma constitucional, es el cambio de nuestras denominaciones republicanas. En años anteriores estuvo en la boca de todos el cambio de denominación de Distrito Federal a Ciudad de México, que fue motivado por la idea turística debido a que a nivel internacional al ex Distrito Federal se le conoce como Ciudad de México y en la generalidad de los señalamientos viales se indica México o Ciudad de México como indicación al es Distrito.

Pues es así, que empieza a rondar la cabeza de algunos legisladores federales el por qué de llamarnos Estados Unidos Mexicanos, puesto que igualmente a nivel internacional aparecemos como México, palabra que ni siquiera aparece en nuestro nombre oficial; en segunda la principal razón de que exista el nombre Estados Unidos, fue por copiar el sentido liberal de nuestro país del norte, porque lo verdaderamente importante es nuestra república, puesto que en reformas constitucionales se requiere la aprobación de las legislaturas locales, pero si un estado se separa de la nación existe una imposibilidad administrativa y legal; de tal suerte que no somos una unión de varias naciones, o unión de varios Estados.

Empieza en el debate el llamarnos simplemente México, o República de México, con la idea de facilitar la denominación, evitar confusiones y generar una identidad propia y no copiar fachadas ajenas.

Resulta interesante saber si entre este tipo de reformas no se altera la parte republicana o de común unión de los Estados, en el entendido de que no se trastoque la democracia, la representatividad y la alternancia en el poder, circunstancia esta última que es el foco rojo para algunos puritanos de nuestros símbolos.

En ese mismo orden de ideas platicaba con un gran amigo maestro en finanzas internacionales radicado en Hong Kong, que hacía la reflexión de que nuestro himno ya no evoca los ideales para los que vivimos, ni representa nuestros intereses como nación o sociedad, que al ser engendrado en el fragor de las guerras, de conflictos bélicos en lo que había que defender con armas la nación, se ha sesgado su intencionalidad en nuestros tiempos, en los que aceptamos inmigrantes, valoramos la autodeterminación de los pueblos, en los que a México no se le defiende trasgrediendo derechos humanos o garantías individuales, sino con trabajo, con respecto y con valores cívicos.

Queda la reflexión para todos nosotros, ¿qué tan fuerte sería un cambio de nombre? ¿dejarían la modificación sólo en el nombre o pensarían en algún otro símbolo patrio?

Son preguntas difíciles que nos hacen replantear los cimientos en los que visualizamos y sentimos nuestra patria, en contra de nuestras tradiciones y costumbres, en los que se cuestiona la liberalidad de nuestro pensamiento y lo progresista de nuestros actos, incluso el mismo concepto de evolución queda en entre dicho.

 

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