
DÍA DE MUERTOS Y SU PAN
- Jimena Bañuelos
- 31 octubre, 2023
- Columnas
- 0 Comments
Toda fiesta va vinculada a un dulce y ahora estamos en la época de los buñuelos y los huesos de santo. Por eso es un buen momento para meterse en la cocina y con el delantal puesto ponerse manos a la obra. Delante de mí tengo harina, azúcar, mantequilla, huevos y el resto de los ingredientes pero esta vez los dulces españoles van a ser sustituidos por el tradicional pan de muerto mexicano. Un dulce que está vinculado con uno de los días más internacionales que tiene México.
Es cierto que el tiempo pasa pero los recuerdos permanecen y, por eso, me apetece volver a México a través de sus tradiciones, sin olvidar por supuesto que estamos en la época también de Don Juan. Festejar el Día de Muertos es rendir un homenaje a quienes ya nos están con nosotros pero que nos han marcado de una manera o de otra. El tiempo pasa, las cosas cambian pero los recuerdos no se olvidan. Hace años era mi abuela la que traía siempre los huesos de santo, tan queridos por unos y tan odiados por otros. Siempre he sido más de buñuelos pero su ilusión al llegar a casa con una cajita de su dulce favorito bien merecía hacer el esfuerzo y comerse uno. Los recuerdos siempre vuelven o como decía Cicerón: “La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos”.
Una memoria que se rinde en los altares del Día de Muertos. Una fiesta que hace años, en Francia, fue declarada por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Sin duda, esta festividad es “…una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo…” Tuve la suerte de vivirla en tierras aztecas y he de reconocer que te marca un antes y un después. La UNESCO afirmó que “ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad…”
Es cierto que a este lado del charco como al otro los difuntos son honrados por las familias. La ausencia siempre se va a notar pero aprender a vivir con ella es los que nos toca a los que estamos vivos. Con esos recuerdos unos visitamos los cementerios y otros construyen los míticos altares. Los primeros se llenan de lágrimas, de flores y de sentimientos en un día en el que el negro del luto por la pérdida cambia de color. En México, la protagonista es la flor de Cempasúchitl que, además de ser el símbolo del resplandor del sol, significa que la persona no ha sido olvidada. Una flor que tiñe todo de naranja. Un color que no es de Halloween y que simboliza mucho más que las calabazas.
Lo cierto es que no hace falta que sea noviembre para echar de menos a los que no están porque ya escribió el historiador francés Lamartine: “A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.”