SANAR HERIDAS DURANTE LA CUARESMA 30

Jueves IV de Cuaresma

Sacerdote Daniel Valdez García

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Hoy jueves eucarístico, sacerdotal y de amor fraternal.

Al acercarnos al final de la Cuaresma y el comienzo de la Semana Santa, quiero recordarles algunos principios esenciales para lograr una sanación completa, ya sea física, mental, moral o espiritual: “Hablar sana, callar daña”. “La oración sana las heridas personales; el perdón facilita la sanación de las heridas familiares; la misericordia ayuda con las heridas eclesiales; y para las heridas sociales, el ayuno y la oración son clave”.

Mantener una actitud positiva ante las heridas es crucial. Las actitudes negativas, en cambio, tienen un efecto contraproducente. Recordemos también que hoy es un día eucarístico, sacerdotal y de amor fraterno, mientras vivimos la gracia de este Año Jubilar como peregrinos de esperanza.

El Sumo Pontífice dijo: “Sólo el amor de Jesús transforma la vida, sana las heridas más profundas y nos libera de los círculos viciosos de la insatisfacción, de la ira y de la lamentación”.

En el libro de Éxodo 32, 7-14, Dios habla a Moisés y plantea la posibilidad de castigar al pueblo por su desobediencia. Sin embargo, Moisés intercede, recordando a Dios su promesa a los patriarcas. Finalmente, Dios decide no ejecutar el castigo.

En el Evangelio según Juan 5, 31-47, Jesús a los reclamos por curar en sábado, explica a los judíos que su testimonio proviene de su Padre celestial, respaldado por los actos que realiza. A pesar de las escrituras que atestiguan su misión, muchos no lo reconocen como el Mesías debido a la falta de amor a Dios y la búsqueda de gloria terrenal.

San Juan Pablo II nos recuerda que para contemplar verdaderamente a Cristo es necesario escuchar al Padre en el Espíritu. En este tiempo de Cuaresma, al intensificar nuestras prácticas de penitencia, podemos renovar nuestra disposición para contemplar el verdadero rostro de Cristo.

San Josemaría Escriba de Balaguer, nos recuerda que nuestras percepciones pueden estar nubladas por nuestros defectos. Es esencial purificar nuestra visión con humildad y penitencia para ver a Cristo claramente, reflejando su verdadera imagen.

Cuidemos que no nos ocurra lo que a los líderes religiosos de la época de Jesucristo, los círculos viciosos de la insatisfacción, de la ira y de la lamentación los llevaron a buscar su muerte por envidia.

Amén, Señor Jesús.