sin-ton-ni-son-nuevo2-620x420

SIN TON NI SON

Francisco Javier Escamilla Hernández

Continuando con la semblanza de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), quiero referir que durante los últimos años de su vida compuso 17 conciertos para piano. Estas piezas son consideradas por los críticos como los mejores ejemplos de la literatura correspondiente a concierto clásico. En varios de estos 17 conciertos se utiliza una adaptación de la forma sonata denominada sonata-ritornello, la cual es una combinación de la sonata habitual y el estilo que usaba Vivaldi en sus conciertos. En este tipo de escritura musical, la orquesta repite los temas que se representan en las partes del solo: de ahí la palabra ritornello. También se cree que la sonata-ritornello se haya desarrollado particularmente para los conciertos para piano y orquesta, como un modo de asegurar que la audiencia escuchara y entendiera la melodía. Se especula que tal vez esas melodías no se oían claramente en todo el auditorio, debido a que el piano de aquella época no tenía el volumen que actualmente tiene.

Bueno, de los 21 conciertos para piano que Mozart compuso en toda su carrera, precisamente el número 21 es, para muchos, el más brillante y además es de los más conocidos. El primer movimiento expresa motivos alegres, complacientes, en tanto que el segundo, un adagio, es plácido y hermoso, romántico y sentimental. Es de las figuras más interpretadas de Mozart. El tercer movimiento está cargado de atrayentes pasajes técnicos.

El 2º. Movimiento de esta obra se utilizó como banda sonora en la película romántica Elvira Madigan (1967), desafortunadamente, debido a esta cinta, a menudo se le denomina a este soberbio concierto con ese nombre.

Por otra parte, Mozart compuso 41 sinfonías y precisamente la sinfonía número 41, conocida como Júpiter, tal vez por lo grandioso de su primer movimiento. (Siempre que escucho este movimiento lo confundo con música de Beethoven). Esta sinfonía 41 representa un claro ejemplo de la habilidad de Mozart para escribir en el marco de la forma sonata sin sacrificar la inmensidad de su talento creativo: los tambores y las grandilocuentes trompetas que salpican el primer movimiento confieren a la pieza una sensación triunfalista, mientras que el movimiento final representa una fuga inmensa, al estilo de Bach, con al menos seis temas diferentes que se enlazan para ofrecer un final explosivo; y todo esto ocurre sin que Mozart se salga de los requisitos estructurales de la sonata.

Estas dos magníficas obras resaltan el estilo clásico y la forma sonata como modo de expresión en sus aspectos más impresionantes y maduros. Son piezas como éstas las que han llevado a muchos musicólogos e historiadores a afirmar que Mozart ha sido el más grande compositor de la historia.

No se sabe con precisión cuándo empezó a utilizarse la denominación de Júpiter para esta sinfonía, lo que sí se sabe es que no fue Mozart quién la haya empleado. Su hijo aseguraba que el nombre se lo puso Peter Salomon, personaje que encargo la composición de las sinfonías Londres a Haydn.

Comentarios: fjescamilla53@gmail.com             Twitter: @_copitoo

Leave a reply