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SIN TON NI SON

 

Francisco Javier Escamilla Hernández

En el siglo XIX, un siglo después de la muerte de Mozart, los románticos reclamaban, con aspavientos, el legado de este genio de la música como uno de los suyos, construyendo mitos sobre cómo no recibía su salario y se moría de hambre mientras se dedicaba a componer su música. Lo cierto es que en su momento fue reconocido como un genio, en vida, que es el mejor homenaje que se puede conceder; y sí llegó a ser uno de los compositores mejor pagados de la época.

Ni la vida, ni la música de ningún otro compositor, han generado tanta leyenda como las de Wolfgang Amadeus Mozart, quien nació en 1756 en Salzburgo, Austria, y murió en 1791 en Viena. Fue hijo de Leopold Mozart, profesor y compositor de poca monta de la corte. Wolfgang pasó la mayor parte de su niñez viajando por las cortes europeas mostrando sus habilidades de niño prodigio. Estuvo dando exhibiciones en los reinos de Múnich, Viena, Londres, París y Roma. Actuó para reyes, reinas, duques y papas, deleitándolos con trucos de memoria musical y habilidad técnica.

Mozart compuso su primera sinfonía a la edad de 7 años y su primera ópera a los doce de edad.

Después de una temporada en Salzburgo, Mozart pasó la mayor parte de su carrera en la corte del emperador Francisco José II, en Viena. Su composición más innovadora fue El rapto en el serrallo, compuesta en 1781, se trata de una ópera bufa, o lo que se entendería como ópera cómica, este fue el género donde Mozart se encontraba mejor. Colaboró con un famoso y reconocido libretista vienés, Lorenzo da Ponte, en tres óperas consecutivas: Las bodas de Fígaro (1786), Don Giovanni (1787) y Cossi fan tutte (1790).

En total escribió 41 sinfonías, 30 conciertos para piano, cuatro conciertos para violín y, llegando a un total de más de seiscientas composiciones, donde se incluyen oberturas, cuartetos, obras para flauta, oboe, clarinete, coros y demás conjuntos musicales.

Mozart fue un hombre apasionado: se dedicaba en cuerpo y alma a la música, las fiestas, la buena comida, el buen vino, los billares, el sexo y las apuestas. Además, tenía lo que parecía un pozo sin fondo de talento. Por desgracia, tanto él como su esposa, Constanza, fueron muy poco moderados a la hora de gastar el dinero. A pesar de que produjo gran parte de sus mejores obras durante los diez últimos años de su vida, Mozart debía dinero a un gran número de acreedores. Murió probablemente a causa de unas fiebres reumáticas, tras una vida de excesivo trabajo y mala alimentación, a la edad de 35 años.

Actualmente, Mozart sigue teniendo la reputación de genio arrogante e inmaduro. Sin embargo, también es considerado como el más grande compositor de la era clásica y de todos los tiempos.

Mozart tuvo una hermana, que también era una niña prodigio tocando el piano, pero tal vez nunca llegó a desarrollar su talento, ni a ser reconocida, por el hecho de ser mujer. ¡Qué pena!

Una de las leyendas en torno a este genio cuenta que cuando Mozart murió, su viuda se casó con un diplomático danés en cuya lápida se grabó la inscripción: “Aquí yace el segundo esposo de la viuda de Mozart”

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