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A mitad de la semana

Por Julián Alfonso Chávez Trueba

Le dicen la culpa…nadie se la quiere echar.

En donde nos encontremos, no importa donde sea, la escuela, el trabajo, el futbol, la culpa de que no seamos exitosos es de alguien más, nunca jamás será de nosotros mismos, porque por supuesto, nosotros estamos seguros de que hacemos bien las cosas, incluso hay quien piense que hace las cosas perfectas, impecables e intachables, pero tengo la mala noticia que todo es relativo al sujeto que admire la acción o la obra, por lo que para uno está bien y para otro no.

Entonces: si estamos en la oficina, ¿quién tiene la culpa de que nos vaya mal? Pues el jefe. ¿En la escuela quién tiene la culpa de que saquemos malas calificaciones? El Maestro. ¿En nuestro Estado quien tiene la culpa de la inseguridad? Pues el Gobernador. ¿En la política quién tiene la culpa de que gane el mismo? Pues el PRI, total que hasta en el futbol los jugadores tienden a achacarle la culpa al árbitro por haber perdido el encuentro.

Y es que cuando a alguien le va bien, pareciera que es injusto y empezamos a mal justificar su triunfo sobre el nuestro, desvirtuando la manera en que lo logró y echando la culpa de que nosotros hayamos fracasado.

Algunos aseguran que es injusto que alguien que no trabaje tan arduo tenga mejores prestaciones que las nuestras, que alguien que se dedica a algún negocio ilícito tenga mejores ingresos que nosotros, o que simplemente a alguien le vaya mejor que a nosotros, pero reflexionemos un poco y comprendamos que la vida no es justa, la naturaleza no es justa y que por supuesto nuestro escenario no debiera ser justo. Hay que entender esto si pretendemos lograr el éxito.

Hablando de rosas, para muestra un botón, en la última intervención de la copa Confederaciones en la que nuestra Selección Mexicana perdió 2-1 contra Portugal, hubo una jugada polémica en la que el árbitro no quiso usar el famoso VAR (video assistant referee, que no es más que un grupo de personas que revisan alguna jugada polémica, que puede determinar el ganador en algún partido de futbol) pues bien, algunos jugadores mexicanos se quejaron que la jugada hacía que México empatara con Portugal y abría la posibilidad de que México incluso ganara, culpando así de su derrota al árbitro que no hizo válida una petición legítima y que al final, no le quitaba nada revisarla.

Algunos pensaremos que este análisis no tiene relación, pero sí y mucha. Si nosotros como jugadores de futbol, sabemos que no contamos con la técnica con la que cuentan algunos jugadores del equipo contrario pues debemos hacer frente a ellas de forma ecuánime y directa; si perdemos podemos analizar nuestros errores y mejorar en la próxima, pero para mejorar necesitamos atender el error atingentemente, es decir, de manera atinada y sin tabúes.

Los jugadores terminan derrotados y culpan al árbitro, entonces eso quiere decir que si cambiamos el árbitro ganaremos. ¿no?, pues claro que no. No podemos pretender cambiar algo que no depende de nosotros y al mismo tiempo debemos entender que la vida no es justa, en otras palabras, es preciso que atendamos las deficiencias que tenemos y afrontemos cualquier adversidad.

Me gusta ver de vez en cuando, algunas jugadas de Diego Maradona, en donde va corriendo con sus característicos saltitos, con el balón pegado a sus pies y que en el camino va dejando a todos los defensores adversos. En esas jugadas se observa también como mientras corre, Maradona detiene patadas, empujones y codazos que le van propinando los defensas y aun así mete el gol.

Esta es la actitud a la que quiero referirme. No podemos pensar que el escenario nos va a favorecer para ganar, sino que debemos crecer aunque el escenario sea adverso.

En el caso particular de nuestra Selección Mexicana, debemos entender que nuestros jugadores no deben sentirse perdidos con una derrota, porque se perdió con el campeón de Europa y que aunque el escenario fuera bondadoso con nosotros y perdíamos, existe una técnica diferente que los hace mejor a los ganadores.

Por mucho que nos caiga gordo, Cristiano Ronaldo se prepara todo el día, todos los días del año, para merecerse su Balón de Oro y ganarlo, cosa que pocos en la Selección Mexicana lo han hecho. El único que se sabía que entrenaba más que los demás fue Hugo Sánchez.

Sin embargo, esta ideología ganadora no debe quedarse en competencias deportivas solamente, debemos trasladarla a situaciones más tangibles que incluso nos puede llegar a molestar, por ejemplo en el trabajo. Uno debe esforzarse con, sin y a pesar del jefe que tengamos. Recordemos que la culpa no es del jefe, solamente, también es nuestra, y prácticamente nunca podremos cambiar al jefe.

En una situación de política, no podemos seguir pensando que el gobierno tiene la culpa de todos los males sociales, de la inseguridad, de la corrupción, de los baches, de las inundaciones, porque en primera, no sé qué pase con nosotros como pueblo, pero primero nos convencen y votamos por ellos (quien sea) y luego ya no lo queremos, en nuestros últimos tiempos,  pensemos en Fox, en Calderón, y en Peña. En segunda la inseguridad y la corrupción somos todos; la corrupción se engrandece en medida que participemos en ella, debemos no dar mordidas, no dar propina por trámites gratuitos, no dar diezmo por contrataciones; del mismo modo la inseguridad, existen familias y sobre todo madres que saben que sus hijos grafitean, roban y hacen contrabando y no dicen nada, hay padres adinerados que saben que sus hijos chocaron de borrachos y los sacan de la cárcel para que no sufra, es decir que dejamos delincuentes fuera, como si fuera ajeno a nosotros. Tercera, tiramos basura en las calles en los caminos, pero no pensamos que la basura no se levanta sola, no se quita sola o se desvanece, cada migajita hace que en vez de pasar agua por las coladeras, se obstruya el fluido poco a poco.

Esta nota pretende hacernos reflexionar sobre nosotros mismos y entender de una manera más crítica la realidad que se nos presenta, recapacitando que nuestros grandes problemas como sociedad dependen de todos, no de la autoridad ni de Dios, cada cosa mal nos repercute y acumulamos malestares sociales con cada granito de mala civilidad, es decir que el cuento de que todo se nos regresa, tiene mucho de verdad.

 

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