FEDERALISMO FISCAL: AGENDA PENDIENTE

Por: David Colmenares Páramo.

Se siguen multiplicando los análisis sobre el tema de las relaciones fiscales en un país federal como el nuestro, ya he mencionado que generalmente los países con sistema federal son los más extensos y poblados del mundo. Que las diferencias con los países unitarios o centrales son importantes, incluso a nivel nacional, por ejemplo, una entidad que forma de la federación mexicana, pero tiene un sistema de gobierno unitario o centralista en materia fiscal, como está establecido en su Constitución –se trata de la CDMX- lo que le ha permitido mantener su eficiencia recaudatoria, al ser a pesar del impacto negativo de las reformas a las fórmulas de distribución de participaciones instrumentada a partir de 2008.
El contraste es evidente con el resto de las entidades federativas, con grandes asimetrías en relación a la relación ingresos propios producto de su esfuerzo recaudatorio versus transferencias federales condicionadas como las aportaciones del Ramo 33 o no condicionadas como las del Ramo 28, esto es las participaciones federales, que son las que determinan su destino los congresos locales.
Hay razones de gobernabilidad en la elección de un sistema federal, y en el federalismo fiscal de equidad en la distribución de recursos, responsabilidades y servicios. El federalismo mexicano es un acuerdo entre órdenes de gobierno, los estatales y la federación.
Desde que se realizan las primeras convenciones nacionales fiscales, desde 1925 hasta la convención nacional hacendaria de 2004, el tema sigue presente una mejor distribución e responsabilidades y facultades tributarias, pero también de gasto entre esos dos órdenes de gobierno, sin olvidarnos de orden municipal que ya tiene también facultades exclusivas como la recaudación del impuesto predial. En suma, se busca asegurar la equidad del sistema tributario hacia los contribuyentes de todo el País, simplificar el sistema tributario nacional y fortalecer las finanzas públicas de los tres órdenes de gobierno. Asumir cada uno la responsabilidad fiscal, el interés por recaudar con eficiencia las facultades que conservar, encontrar un buen sistema de reparto que considere estos criterios sin descuidar el necesario equilibrio entre las entidades donde se recauda por la entidad federal y la necesaria justicia distributiva.
Siempre que se ha debatido el tema se establecen bandos entre los gobiernos de las entidades federativas, por efecto de la llamada suma cero, la cual solo se puede romper cuando se introduce el esfuerzo recaudatorio local.
Asimismo, en cuanto al regreso de responsabilidades recaudatorias dejadas en suspenso al firmarse por todos los estados el Convenio de Adhesión al Sistema Nacional de Coordinación Fiscal, excepto la CDMX vinculada a través del convenio de colaboración administrativa, en virtud de que, en 1980, esta última era una dependencia más del poder ejecutivo federal.
Ya alguna vez se intentó un ejercicio sobre alternativas al sistema de participaciones como la recaudación total el IVA por parte de los estados, pero la distribución de lo recaudado seria extremadamente asimétrica y tendrían que establecerse fondos de compensación para los estados con infraestructura y economías más débiles, como las del sur sureste.
Para avanzar y fortalecer nuestro federalismo, si es necesaria una segunda convención hacendaria, para revisar virtudes y defectos de federalismo como forma de gobierno, lo mismo que el reparto de competencias fiscales, ingreso y gasto, los desequilibrios horizontales si verticales, las transferencias condicionadas y no condicionadas, las compensatorias, entre otros temas. Así como los diferentes grados y espacios de centralización y descentralización en un país federal.
Finalmente cuidar en la parte recaudatoria el aliento la inversión generadora de empleo y actividad económica.
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