El inicio del Mundial se vivió con euforia en Nezahualcóyotl

Nezahualcóyotl, Méx.- “¡México! ¡México! ¡México!”… El grito era atronador en la explanada del palacio municipal, donde se reunieron más de mil personas portando banderas, matracas, trompetas e incluso botes vacíos. Ahí, el gobierno local instaló una de tres pantallas gigantes para que la gente disfrutara la inauguración del Campeonato Mundial de Futbol (tercera ocasión en nuestro país).

Esta vez, entre gritos, porras y “mentadas”, de la euforia se pasaba al disgusto, ya que la selección mexicana se enfrentaba a Sudáfrica, número 60 en la lista de la FIFA, y apenas llevaba un gol, que fue anotado por Julián Quiñones al minuto 8 de juego. La gente de Neza estaba enardecida: “¡Cómo es posible que nuestros seleccionados se tiren a la hamaca…!” “¡Nos pusieron un bulto, hay que golearlo”!

Al comenzar el segundo lapso, las porras se animaron y los que traían banderas no dejaban de ondearlas… “¡Vamos México, hay que meterle tres a Sudáfrica!”, se escuchaba por aquí y por allá.
Como en la explanada se lleva a cabo la Feria Mundialista del Taco, muchas aprovecharon para ir por los de jabalí, cochinita pibil, búfalo o cocodrilo, así como su buena cerveza de bote.

Con el segundo tanto de los aztecas, anotado por Raúl Jiménez, la alegría se desbordó entre la multitud; la gente brincaba y se abrazaba. “¡Les vamos a meter cuatro!” ¡Qué nos duran esos morenos!” “¡No importa que sean bultos!”. Luego vinieron las expulsiones de dos sudafricanos y la emoción se apoderó del “graderío”.

Sin embargo, poco duró el gusto. El árbitro echó de la cancha a César Montes, defensa central, y la ira dominó a los aficionados en la explanada. “¡Qué le pasa a ese defensa!” “¡Ibamos muy bien, estábamos a punto de meter otros dos goles!” “¡Qué barbaridad, siempre es lo mismo!”

Cuando el cotejo terminó, las opiniones estaban divididas. Unos decían que el resultado no fue justo, porque debieron ser cuatro goles como mínimo. Otros aceptaban el marcador, argumentando que el tricolor no tenía por qué esforzarse ante un rival que ya estaba agotado al concluir el primer tiempo.

Sin embargo, los espectadores no se retiraron abruptamente. La mayoría, hambrientos y sedientos, buscaron el mejor lugar para degustar los tacos de chistorra, suadero y arrachera. La lluvia comenzó a caer con fuerza, pero nadie sufría por ello. Algunos cantaban y bailaban al son de la cumbia… Era día de fiesta en Nezahualcóyotl.