TRINCHERA GLOBAL

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Los chalecos amarillos: ¿El club de los olvidados?

Por: José Edgar Marín Pérez

El pasado 17 de diciembre de 2018 se cumplió un mes del inicio de las protestas en toda Francia, principalmente en la “ciudad luz” (París), capital del país galo. Lo anterior, por la introducción de la propuesta de política fiscal por parte del gobierno de Emmanuel Macron, iniciativa que pretendía entre otras cosas el alza en la base del ISR y en el precio de los combustibles, casi de inmediato iniciaron los levantamientos de parte de un grupo de franceses que salieron a las calles a manifestarse en contra de dichos postulados.

Es así como surgieron los denominados “chalecos amarillos” (llamados así por la utilización de chalecos fluorescentes propios de la industria de la construcción para identificarse en las manifestaciones y en los choques frente a la policía antimotines francesa), ¿Pero qué es lo que buscan sus integrantes?, los miembros de este grupo de manifestantes que rápidamente se ha hecho grande y se ha expandido en todo el territorio francés, es la reivindicación de la denominada “justicia social”.

Para los que por azares del destino hemos tenido la oportunidad de visitar el país galo, sabemos que es una nación bastante cara, con servicios públicos subsidiados por el Estado, con una alta concentración de migrantes de países africanos, de Europa del este y oriente medio, con salarios bajos para la mayoría de la población a diferencia de la alta burocracia y con problemas socioeconómicos que datan desde la época de J. Chirac, pasando por N. Sarcozy y F. Hollande. En este orden de ideas, Francia es uno de los países que tradicionalmente han pagado un ISR (impuesto que grava la riqueza) de los más altos del mundo al tiempo de que el grueso de la población se ha visto sumida en una crisis económica que se ha recrudecido desde el año 2008.

En este orden de ideas, los chalecos amarillos son aquellos que no tienen cabida en la sociedad francesa, son los marginados, los desplazados, los desposeídos, los que no entienden cómo el gobierno gasta demasiado en una élite gubernamental elefantiásica, en proyectos conjuntos con la Unión Europea y la Organización del Atlántico Norte, cuando en dicho país existen muchos profesionistas con Doctorado teniendo que dedicarse a los oficios (no porque sea malo éstos, pero existe mucha gente preparada realizando actividades lejanas a su perfil y vocación). Bajo este tenor, los chalecos amarillos son los que se debaten entre vivir en muchas ocasiones del auxilio que reciben del gobierno por estar en el desempleo, realizando trabajos outsourcing o en tener que mendigar en las calles de París y otras ciudades junto a un cúmulo de desplazados por la sociedad en turno.

Cuando uno observa por los principales medios de comunicación los postulados de sus miembros, se deja entrever que son las víctimas de una sociedad posmoderna donde se sigue el canon de que consumir más es mejor, de que el francés promedio vive en condiciones de verdadera explotación en pleno siglo XXI y que desean que el gobierno sea más empático en las necesidades de la colectividad. Lo anterior, no es una situación achacable a una línea ideológica definida, ya que Francia ha pasado en los últimos tres gobiernos de la derecha, a la izquierda o al centro, como es el caso de Macron, sino que es una situación que en donde el Estado como ente hegemónico tiene en sus manos el destino, los sueños y aspiraciones de los franceses, una sociedad de la cual nos hablaban Foucault, Bourdieu, Habermas y Bauman, siendo éste último quien vaticinara el sucumbir de la sociedad contemporánea frente a la modernidad líquida.

En este sentido, habrá de estar atentos a los sucesos en Francia que pudieran conectarse con los sucesos de una sociedad inglesa polarizada entre la salida de la Unión Europea y su permanencia, frente al Brexit (pero ese es tema de otra Trinchera Global), sin embargo si eso sucede en la Francia cuna del grito de Libertad, Igualdad y Fraternidad en 1789, de la Francia del levantamiento estudiantil de 1968. Finalmente, habrá que ver si los chalecos amarillos no solamente lograrán la dimisión de un presidente, sino el cambio paradigmático de un sistema fuertemente enquistado en el mundo, o bien, si sus integrantes seguirán siendo los nuevos miserables del siglo XXI que a la manera del escrito francés Víctor Hugo se sigan cuestionando ¿por qué si la democracia nos da instituciones, no nos da libertad, equidad y justicia para todos?.

Comentarios y sugerencias: angelnocturno033@hotmail.com

Twitter: @EdgarMaPe

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