TRINCHERA GLOBAL

Sobre la democracia y las universidades públicas

Por: José Edgar Marín Pérez

He decidido hacer una excepción a la línea de opinión internacional de esta columna, anticipando una disculpa a los lectores que estaban esperando conocer la postura de un servidor sobre el resultado de las elecciones intermedias en los Estados Unidos de América, efectuadas el día de ayer 06 de noviembre.

Atendiendo a esta inquietud, me parece que una de las grandes decepciones fue la falta de participación del sector joven de la población, caso particular de los denominados “millennials” quienes cada día se desentienden más y más de la participación política y por ende del espíritu democrático de la misma.

En este orden de ideas, su servidor no cree en las casualidades, pues este sector de la población ha sido encaminado a través de la política educativa de algunas universidades a la hiperespecialización y la competitividad, alejándolos cada vez más de la conciencia colectiva y su injerencia cómo jóvenes en los asuntos públicos; como refiere el maestro Pérez de los Reyes en su obra Historia del Derecho Mexicano, las universidades como centros de conocimiento surgieron en la Edad Media, con la finalidad de compartir y difundir el conocimiento científico, impulsar la investigación, el libre pensamiento y como el epicentro del pensamiento crítico para resolver los grandes problemas sociales.

Bajo esta perspectiva las universidades históricamente fueron transformándose de manera paulatina; diversificándose en públicas, privadas, liberales, eclesiásticas, críticas, moderadas, etc.

Partiendo de lo anterior, en esta ocasión combino la opinión internacional con el contexto local, al cual no soy ajeno, pues la vida me ha dado la oportunidad de formarme tanto en instituciones públicas, como en otros espacios académicos privados y en espacios internacionales.

Pero, sin lugar a dudas, de lo que siempre me he sentido orgulloso es de formar parte de la UAEMéx, mi alma mater como estudiante por partida triple y como académico en distintos momentos en sus Facultades de Derecho, Ciencias Políticas y Economía, respectivamente.

Bajo este tenor, lo que menos importa son mis datos curriculares, sino la formación que he tenido en dicha universidad verde y oro, a la cual le debo mi convicción de la democracia. Sin embargo, muy a mi pesar debo reconocer que una universidad que se precia de ser científica y humanista, con una raigambre histórica que influyó fuertemente en la época histórica de la reforma, hoy en día es todo menos democrática.

Lo anterior resulta paradójico, sobre todo como estudiantes y profesores que en programas y planes de estudios en ciertos centros educativos, nos corresponde abordar el tema de la democracia y entonces hablamos vehementemente de ella, ensalzándola, analizando a la manera de Andrés Molina Enríquez, los grandes problemas nacionales en torno a ésta, pero que tristemente como reza el dicho, nos hemos convertido en candiles de la calle y oscuridad de nuestra casa, esa casa es hoy en día la UAEMéx.
Partiendo de este supuesto, cabe resaltar que dentro de los múltiples problemas de la democracia universitaria, una de las exigencias constantes por parte de la comunidad universitaria es acabar con las imposiciones y las líneas, muchas de ellas vinculadas a actores y partidos políticos, actores gubernamentales y grupos de poder al interior de la cúpula administrativa central o de los propios espacios académicos.

Siguiendo esta tónica, resulta imprescindible destacar que muy pronto tocará decidir quién dirigirá los destinos para los siguientes cuatro años de la Facultad de Derecho, por lo que lejos de polemizar sobre teorías conspirativas que no conducen a nada, si deberá ser un parteaguas en nuestra universidad, o volvemos a empoderar a nuestra comunidad: alumnos, profesores y administrativos, en una verdadera democracia, o bien, seguiremos bajo la tónica del dedazo o la cargada.
En este orden de ideas, al parecer son varios los perfiles que se avizoran para contender por la Dirección, todos sin duda con alto reconocimiento y prestigio académico en el mundo jurídico. No obstante, considero que es momento de aprovechar la coyuntura histórica de la apertura y el debate, para canalizar el hartazgo de una comunidad vulnerada y seguir los tiempos de cambio, optar por candidaturas frescas, sin líneas o padrinazgos, cortar para siempre el cordón umbilical de la imposición, la componenda y la designación.

Sólo a través del diálogo, el debate y la participación de todas las voces, se enriquece la pluralidad ideológica. Finalmente, coincido con el fallecido genio de las letras iberoamericanas Carlos Fuentes cuando afirmaba que no se pueden aceptar desesperanzas dentro de las democracias.
Comentarios y sugerencias: angelnocturno033@hotmail.com

Twitter: @EdgarMaPe

 

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