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SIN TON NI SON

Francisco Javier Escamilla Hernández

Juana de Arco.

El escritor norteamericano, Mark Twain, que tiene varias obras escritas en el siglo XIX, muy reconocidas, estuvo fascinado siempre por la historia de Juana de Arco, debido a lo cual dedicó doce años de su vida en investigar sobre la figura de esta heroína y escribir un libro (a manera de novela) sobre esa gran mujer a quien él consideraba “con mucho y de largo la persona más extraordinaria que la raza humana haya alumbrado”. Y, aun cuando no es uno de sus libros más conocidos, el propio Mark Twain lo consideró como el mejor. Por supuesto yo se los recomiendo.

Juana de Arco nació en 1412 y murió en 1431, era una campesina que, a la increíble edad de 17 años, logró situarse al frente de los ejércitos franceses de la época para combatir a los ingleses, quienes se estaban apoderando del territorio francés.

En la Edad Media la guerra era cotidiana entre los reinos europeos (muy especialmente entre ingleses y franceses). En el momento que más se reconoce a Juana de Arco los dos países estaban inmersos en lo que se conoce como la Guerra de los Cien Años, un conflicto que en realidad duró 116 años. Como en nuestra época, estos conflictos armados eran en su gran mayoría tan sólo una oportunidad de incrementar su riqueza para los avariciosos barones feudales que gobernaban en los reinos de la época. La nobleza anhelaba más tierras, y la guerra era la forma de conseguirlas. Esta es una razón por la cual las fronteras nacionales cambiaban constantemente, teniendo como efecto que el ciudadano común, por ejemplo, la familia de Juana de Arco, no se sentía ligada a ningún gobernante en particular. Sin embargo, cuando nació Juana este sentimiento de pertenencia empezaba a cambiar y su campaña contra los ingleses fue uno de los primeros ejemplos de lo que se convertiría en el nacionalismo europeo. Se especula que, para Juana de Arco, Francia no era sólo una línea imaginaria que dividía los territorios, o era las tierras propiedad de un monarca, Francia era su país, al que se sentía unida por un vínculo especial, un sentimiento patriótico.

Por otro lado, Juana aseguraba haber tenido visiones en las que Dios, a través del Arcángel San Miguel, le pedía que echara a los ingleses de Francia. Así, lo que dio inicio como una disputa territorial entre las aristocracias aborígenes de Francia e Inglaterra, terminó como una batalla entre nacionalistas. Durante los siguientes siglos, los reinos feudales europeos se fueron convirtiendo en naciones-estado, lógicamente, con diferentes identidades culturales, lo que alimentó tanto el patriotismo como su inevitable antagónica, la xenofobia.

Tras capturar a Juana de Arco en 1431, los ingleses la ejecutaron quemándola viva, bajo una acusación religiosa de herejía. Después de cuatro siglos, en 1920, el papa revocó esa sentencia y la Iglesia Católica la convirtió en Santa.

 

Comentarios:  fjescamilla53@gmail.com             Twitter:   @_copitoo

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