sin-ton-ni-son-nuevo2-620x420

SIN TON NI SON

Francisco Javier Escamilla Hernández

La semana pasada me referí a los sonetos que Vivaldi escribió para su obra musical Las cuatro Estaciones. Pues bien, ahora haré alusión a la parte musical de esta magnífica obra que, por cierto, se sigue escuchando con gran placer después de casi trescientos años, ya que fue compuesta en 1725. Las Cuatro estaciones son cuatro conciertos que representan cada uno una estación del año. Las cuatro estaciones fue publicada originalmente bajo el nombre de “Il cimento dell’ armonía e dell’ inventione, que significa “La batalla entre la armonía y la invención”

Estos conciertos fueron escritos para un violín solista y una orquesta de cámara, cada concierto se compone de tres movimientos: el primero es un allegro o elemento rápido; luego un elemento lento llamado adagio o largo; por último, otro allegro o presto finale; originalmente esta genial obra fue publicada bajo el nombre de “Il cimento dell’ armonía e dell’ inventione, que significa “La batalla entre la armonía y la invención”.

El primer concierto, “La Primavera”, está compuesto en el tono de mi. La fuerza de su ritmo y su radiante melodía de apertura nos envuelven al instante, fogosas y agradables. En el segundo movimiento, el violín (que es el solista para el que fue compuesto) representa una manada de cabras dormidas y la viola simboliza un perro ladrando nerviosamente.

“El Verano”, en sol menor, comunica una sensación más serena. En el primer movimiento se escuchan sonidos de la orquesta que simulan un trueno lejano; pero el rugido de la tormenta se aproxima en el segundo movimiento.

“El Otoño” empieza con un baile donde los campesinos se disponen a celebrar la recogida de la cosecha, posteriormente sigue un período tranquilo de descanso nocturno, y luego, por la mañana, se nos ofrece una animada cacería “La copa de Baco fluye libre y, muchos hallan su descanso en un sueño profundo”, dicen los versos que ya describí la semana anterior.

“El Invierno” evoca “Nieve cayendo con vientos que punzantes y cortantes”; su movimiento lento (un tributo a la paz y tranquilidad del fuego del hogar) se convierte, al llegar al tercer y último movimiento de toda esta obra, en un animoso allegro final que rememora juegos sobre la nieve y la emoción de deslizarse por una pendiente helada.

Comentarios: fjescamilla53@gmail.com Twitter:@_copitoo

Leave a reply