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SIN TON NI SON

 

Francisco Javier Escamilla Hernández

LAS CUATRO ESTACIONES de Vivaldi.

Con frecuencia escuchamos en las salas de conciertos o en nuestra discografía de música clásica Poemas Sinfónicos, que son la expresión musical de algún acontecimiento que se pretende narrar con música. Pues bien, los cuatro conciertos que compuso Vivaldi, y que hoy se conocen como Las Cuatro Estaciones, fueron escritos originalmente para violín, orquesta y declamador, sin embargo, es muy raro que los sonetos sean declamados cuando se tocan estos conciertos.

Es una experiencia fabulosa escuchar Las Estaciones una vez que ya conoces los sonetos.

La primavera

Llegó la primavera, y los rientes pájaros la saludan con su canto.

Bajo el soplo del céfiro, las fuentes con dulce son discurren entretanto.

Cubren el aire con su negro manto, nuncios electos, trueno y rayo ardientes.

Callados éstos, las aves silentes tornan de nuevo a su canoro encanto.

Y así, sobre el florido ameno prado, al caro murmurar de la arboleda duerme el cabrero con su can al lado.

Pastor y ninfas, en la choza amada, danzan al son de la zampoña leda en esta primavera iluminada.

El verano

Bajo dura estación que el sol enciende -mustios hombre y rebaño-, arde el pino.

Suelta el cuco la voz; cuando la entienden, la torcaz canta y da el jilguero un trino Céfiro dulce sopla, más la emprende Bóreas, sin tardar, con su vecino. Llora el zagal, pues temeroso atiende una fiera borrasca y su destino.

Roba a sus miembros laxos el reposo del relámpago el miedo, y truenos fieros y de las moscas el tropel furioso. ¡Ah, que son sus temores verdaderos! Truena y fulmina el cielo y, granizoso, desmocha los trigales altaneros.

El otoño

EI rústico, con bailes y con cantos, celebra la vendimia y su alborozo del licor de Baco encendidos tantos terminan en el ensueño su gozo.

Se entregan a los bailes y los cantos, al aire que, templado, da alborozo, a la estación, que está invitando a tantos de un dulcísimo sueño al bello gozo.

Cazadores al alba van saliendo con cuernos, escopetas y jaurías.

Huye la fiera, más la van siguiendo; pasmada y laxa por la algarabía de escopetas y perros, va muriendo herida, y amenaza todavía.

El invierno

Entre la nieve, tiritar helado al severo soplo de hórrido viento, correr, siempre los pies en movimiento castañear cuando el hielo es extremado.

Los días quietos, ir del fuego al lado mientras fuera la lluvia moja a ciento; caminar sobre el hielo a paso lento; por temor de caer, ser avisado.

Ir firme, resbalar, caerse al suelo, levantarse, corriendo presuroso sin que se rompa y resquebraje el hielo. Sentir que del cerrado calabozo Bóreas, Siroco y todos alzan vuelo. Esto es Invierno, pero traiga gozo.

Comentarios:   fjescamilla53@gmail.com            Twitter:@_copitoo

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