LOGO la tribu entera

Ricardo Joya

DIÁLOGO ANTE LA DEPRESIÓN

 

Comunicarse es clave para enfrentar muchos problemas. Lamentablemente es poco utilizada, sobre todo cuando se trata con adolescentes, porque generalmente atribuimos su mal-estar a los cambios que significa esa etapa de la vida –como el mal humor o la rebeldía- y asumimos la actitud de “dejar que se le pase solo”.

La presión social y académica –incluido el acoso escolar; la dinámica familiar; el duelo por la pérdida de un ser querido, una mudanza o el divorcio de sus padres; el consumo de sustancias e incluso las redes sociales, pueden detonar la depresión en jóvenes e incluso niños.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que cerca de 300 millones de personas padecen depresión. Un estudio de la Universidad Estatal de San Diego señala que la depresión no distingue condición económica, raza, ni zona del mundo y advierte que los nacidos después de 1995 son más propensos al problema e incluso al suicidio. Cuando pasan cinco o más horas al día en internet, tienen 71 % más de probabilidades de tener al menos un factor de riesgo de suicidio, porque la sensación de sentirse “aislado”, aumenta.

Los síntomas o señales: tristeza o desesperanza; irritabilidad, enojo u hostilidad; lágrimas y llanto frecuente; apartarse de amigos y familiares; perder interés en actividades; bajas calificaciones; cambios en hábitos alimenticios y de sueño; inquietud y agitación; sentimientos de inutilidad y culpa; pérdida de entusiasmo y motivación; dificultad para concentrarse; cansancio o falta de energía; molestias o dolores inexplicables, y pensamientos de muerte o suicidio.

¿Qué hacer si identifica las señales durante más de dos semanas?

Primero, no ignore el problema. Segundo, hágale saber al joven –amorosamente- qué señales específicas ha identificado y por qué le preocupan. Busque hablar con ella, o él, para saber qué pasa y –algo fundamental- esté listo y dispuesto a escuchar verdaderamente.

Evite un interrogatorio. Escuche, no sermonee. Evite criticar o juzgar cuando el joven empiece a hablar. Hágale sentir que está para ayudarle. Sea suave, pero persistente, si la o el joven se cierra, sea respetuoso, pero enfatice su preocupación.

Reconozca los sentimientos del joven, aunque puedan parecer tontos o irracionales para usted. Si usted trata de explicar que “las cosas no son tan malas”, parecerá que no toma en serio sus emociones. Reconozca el dolor y tristeza que experimenta.

Confíe en su sentido común. Si el adolescente dice que todo está bien, pero no hay explicación para el comportamiento que usted observa, considere recurrir a una tercera persona de confianza o con un profesional de la salud mental. Es fundamental que el joven dialogue con alguien.

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