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No Debemos ser Enemigos Todos los Días de Nuestros Dirigentes.

Querid@ lector, usted que ha leído parte de esta editorial, que regularmente vive los problemas diarios de nuestra ciudad, que está interesado por lo que acontece en el ámbito público, seguramente se ha cuestionado el porqué de toda una ola en contra del presidente, del gobernador, de nuestras autoridades municipales; estará de acuerdo en la crítica, en la que señala el error, en la que se denuncia la corrupción, claro que esa crítica está bien porque es fundamentada, pero… ¿qué pasa con la crítica que no lleva a ningún lado?

Para conocer el ramo de rosas, sólo basta un botón; ¿qué tiene que ver si le pintaron o no, unas chapas al gobernador?; ¿qué tiene que ver la tesis copiada, que fue responsabilidad de su institución?; ¿qué tiene que ver la vida privada del presidente con su forma de gobernar?.

Es hartante ver en redes sociales, gente que aún está de acuerdo con la CNTE, con los paros, en contra de los matrimonios homosexuales, que se cree la bola de bromas que cualquiera puede darse al encontrar una foto peculiar del gobernante y satirizarlo, ridiculizarlo, sobajarlo una y otra vez.

Yo solo espero que toda esa gente haya votado, participe en los consejos de participación ciudadana de su colonia y que alce la voz por los medios que existen para ello y no solo brame su punto de vista en lugares infructíferos para construir un México mejor.

No todo es porquería y no toda crítica es malintencionada. Encontré un recado en whats app, que me hicieron favor de pasar. Aclaro que no tengo la autoría de estas palabras, sin embargo le doy el crédito a quien la haya hecho, puesto que comulgo con mucha de la idea y el sentido de lo siguiente:

“Decía Porfirio Díaz, Estados Unidos Mexicanos, no se puede estar nunca tan bien que no se pueda estar mejor, ni se puede estar tan mal que no se pueda estar peor.

Nunca se nos ocurre pensar que los problemas de los mexicanos pueden ser culpa de los mexicanos, principalmente porque somos enemigos unos de otros. En casi todos los países del mundo, el ataque de un extranjero provoca la unión del pueblo por más dividido que esté. Aquí nos divide más.

Hace cien años decía Porfirio Díaz que la razón por la que le va mejor a Estados Unidos es que una vez que alguien gana la presidencia, el pueblo y los políticos se le unen para trabajar por la nación. En cambio en México, en cuanto alguien toma el poder, todos, enemigos y antiguos amigos se ponen en su contra. Eso fue hace 100 años pero pudo haberlo dicho ayer.

Mos atacamos entre todos cuando deberíamos unirnos, es una costumbre histórica heredada de generación en generación. Cuando México firmó su acta de independencia, el 27 de septiembre de 1821, nuestro primer día como nación libre, comenzaron los golpes. Unos querían un imperio, otros una monarquía.

De ellos, cada quien con un rey distinto. Otros más se decantaban por la república, pero unos la querían federal y otros, centralista. Eso nos hizo pelearnos todo el silgo XIX.

Cuando por fin los más importantes paladines de la independencia se pusieron de acuerdo, formaron un congreso que nombró emperador a Iturbide, al día siguiente, aquellos que pelearon a su lado ya peleaban en su contra.

Nuestro primer presidente, Guadalupe Victoria, encontró a su peor enemigo en su vicepresidente, Vicente guerrero quien al llegar a la presidencia encontró a su peor enemigo en su vicepresidente, Anastasio Bustamante.

Otros grandes antagonistas fueron Benito Juárez y Valentín Gómez Farías, siempre que fueron fórmula de gobierno.

En la famosa Revolución Mexicana todos nuestros héroes se mataron entre sí. Todos han pasado a la historia como buenos y tienen sus nombres en oro en el Congreso; pero Carranza mató a Zapata, Obregón mató a Villa y Carranza, Plutarco Elías Calles mató a Obregón. Por cierto que Calles fue expulsado del país por Cárdenas.

El Proyecto de Guerrero era quitar a Victoria, el proyecto de Bustamante era quitar a Guerrero; el proyecto de Santa Anna era quitar al que estuviera; el de Juárez fue quitar a Santa Anna, el de Días era quitar a Juárez. Madero tuvo un proyecto: quitar a Díaz; Obregón quitar a Carranza y Calle quitar a Obregón.

El proyecto de FOX era quitar al PRI

Y en torno a esto último deberíamos reflexionar, sobre aquellas palabras citadas de Porfirio Díaz: ya es hora de que dejemos de unirnos para atacar al presidente, ya es hora de que el proyecto de nación deje de ser quitar al que tiene el poder.

Aunque el gringo promedio es mediocre, son potencia mundial porque trabajan en equipo y porque a pesar de todo respetan a sus instituciones y a su presidente.

En este momento decisivo de nuestra historia vemos una vez más a un –Masiosare- un extraño enemigo peleándose contra todos. López Obrador está dispuesto a destruir y reventar este país antes de dejar que lo gobierne alguien que no sea él.”

Lamentablemente, podemos colocar casi cualquier nombre en lugar de Masiosare. Casi todos los que se dicen revolucionarios e izquierdistas son extremos, quieren levantar otro gobierno sobre las ruinas del que quede, casi nunca reflexionan que la guerra que inician termina con saldos en ambos lados y con pedazos de nuestras instituciones, de la idea que tenemos de nuestra sociedad mexicana.

Todos los lectores lo verán muy lejos porque no son líderes políticos, pero ¿cómo nos llevamos con nuestro jefe? ¿Ayudamos en la oficina? ¿Somos los que dicen “no es mi problema”, “no es mi trabajo” o “no me pagan por eso”?

¿Cuándo será el día en que México esté unido?

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