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Molcajete

“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece…compadre”

Om Christian A. Pechir

Esta frase asfixiante que la escuchamos y la vemos, prácticamente, en todos lados. Redes sociales saturadas y tomadas como estandartes revolucionarios, según nosotros, para ejercer la presión para que a los corruptos los metan en la cárcel y exhibir lo mal que los gobernantes llevan las riendas de este país. Y la pregunta obligada: ¿y servirá de algo creernos y hacerla de Miguel Hidalgo en Twitter?

Esta afirmación que nos provoca airados rechazos; como si nos estuviéramos dando de golpes de pecho; y los que verdaderamente son unos angelitos, resultan ofendidos porque como ellos sí son buenos, entonces no tendrían por qué pagar los platos rotos.

Esta frase que nos hace recordar y reflexionar que, si tenemos a los gobernantes que tenemos, entonces inferimos que nosotros como ciudadanía somos igual o quizá peor que ellos; qué deprimente deducción. Y la segunda pregunta: ¿hasta cuándo vamos a tener gobernantes que nos merecemos?, la respuesta lógica sería: hasta que usted cambie, quiera a su país, aporte algo, y quizá en una de esas, que deje de ser corrupto.

Maravillosa frase que pertenece a Joseph de Maistre, quien afirmó: “que cada pueblo o nación tienen el gobierno que merece”. Posteriormente, el francés André Malraux la modificó y señaló que: “no es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”; suena más lógico, pero igual o peor de trágico. La tercera pregunta: ¿a quién se podría entonces parecer usted distinguido lector? Finalmente, José Martí apareció con su frase: “pueblo que soporta a un tirano, lo merece”. Válgame Dios, cualquiera de las tres resulta ser extremadamente fuerte.

Pero sí le sirve de consuelo, esto no es de ahorita. Mencionaba en columnas anteriores que este mal de ojo lleva sus añitos, y sólo somos observadores de cómo la historia se repite, como si estuviéramos volteando cada determinado tiempo el reloj de arena; con la novedad de que hoy nos refugiamos en las redes sociales para justificar que nosotros, los ciudadanos, somos los buenos y los gobernantes los malos, como si éstos fueran de otro planeta o como si Diosito lo haya mandado al mundo terrenal como castigo porque en el cielo también eran malos y corruptos.

Es obvia la situación de este país, y en desquitarnos en redes sociales convirtiéndonos en analistas y expertos, encontramos esa sensación de seguridad y felicidad con la confianza ciega de que algún día efectivamente vamos a ser un país a la vanguardia, como si estuviéramos bajo los efectos del alcohol, pero que al siguiente día, nos volvemos a topar con la triste realidad. Cuarta pregunta: ¿y cómo llegamos entonces a ser ese país en donde no nos merecemos a los malos gobernantes?

Como no la hay, empezamos a buscar culpables, pero la solución está fácil, hay que ver en un espejo, porque todos sabemos que “la culpa no es del indio, sino de quien lo hace compadre”; y esto, estimado lector no lo queremos aceptar.

Y es que en este país de privilegios y no de oportunidades, no hay plan “B”; somos expertos teóricos futuristas en: “cómo vaya viniendo, vamos viendo”, y pues en caso de que no resulte, sacamos nuestra devoción religiosa: “Dios proveerá”, y si no provee, pues ya de último nos inspiramos en nuestra formación como médicos: “lo importante es que hay salud”.

Ante un 2018 incierto lleno de próceres democráticos y electoreros, comencemos a analizar sobre la importancia que tendrá ese “eventito”, porque la verdad mi querido lector, si fuera cierta la frase, entonces hay que querernos un poquito más y trabajar en nuestra autoestima para no merecer malos gobernantes. Es más, como ya observamos la eficacia de escribir afirmaciones, le invito a que le hagamos como la esposa de Duarte, Karime Lozano: “sí merezco un buen gobernante, sí merezco un buen gobernante, sí merezco un buen gobernante, sí merezco un buen gobernante”.

Aunando a estas afirmaciones a la “Karime Lozano”, sin duda, nuestra conducta también debe ser puesta a debate y cambiar, de alguna manera, pero cambiar. Si usted duda de esto, verá que sí se puede; por ejemplo, cuando llegamos a otro país; ahí sí somos bien respetuosos.

Remando en el mismo sentido y consolidando una verdadera madurez colectiva (no una madurez de Twitter), entonces podremos decir con orgullo: “tenemos el gobierno que merecemos” y estaremos de acuerdo en lo que Simón Bolívar dijo también: “ninguno que no tenga probidad, aptitudes y merecimientos es digno de ellos”, pero también hay una frase muy sabia: “no hay mal que dure cien años, ni tonto que lo aguante”, y ante esto, será oportuno decir que el gobierno tendrá el pueblo que se merece, así que despertemos.

Feliz semana

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