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“El contrato social”

Om Christian A. Pechir

El contrato social es un libro escrito en 1762 por Jean-Jacques Rousseau, polímata suizo considerado unos de los primeros escritores del prerromanticismo, que, como un texto de filosofía política, trata de la libertad e igualdad de los hombres bajo un “Estado” instituido a través de un “contrato social”. ¿Hasta aquí vamos bien?

Pues esta conceptualización de “contrato social” que aporta Rousseau se fundamenta en la idea de que el individuo, al coexistir en una sociedad, necesita de un “Estado de Derecho” que le asegure libertades para poder convivir. 255 años después, un caso como el de México rompe con toda esta teoría brillante; es más, la contradice, por lo que el pobre hombre si existiera, pondría a México como ejemplo de lo que precisamente no se debe de hacer bajo los principios del Derecho Político. Y veamos por qué querido lector.

Esta obra consta de cuatro libros. El primero establece la tesis de que los hombres nacen libres e iguales, pero al no poderse lograr esto, el pacto (contrato) social tendría como fin u objetivo igualar a todos. Al respecto, el autor cita: “Quiero averiguar si puede haber en el orden civil alguna regla de administración legítima y segura tomando a los hombres tal como son y las leyes tales como pueden ser. Procuraré unir siempre, en esta indagación, lo que la ley permite con lo que el interés prescribe, a fin de que la justicia y la utilidad no se encuentren separadas.” En nuestro caso querido lector, es que en México ni hay orden civil ni reglas de administración legítimas, por lo que el autor no podría “averiguar” aquí. Si tiene usted alguna duda, preguntémosle, por ejemplo, al Secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, su opinión al respecto con toda esta situación del socavón; seguro nos dirá que la regla a aplicar será la de “indemnizar por mal rato”.

El segundo libro versa sobre lo que él denomina “voluntad general”, mejor conocida para nosotros como “soberanía”. Bajo este concepto (soberanía), el pensador otorga al pueblo la potestad de mandar sobre la nación; ay ajá… pobre Rousseau si se diera cuenta que, a pesar de las presiones sociales y demandas ciudadanas, el sistema político mexicano se pitorrea de la soberanía; ¿le queda alguna otra duda distinguido lector?, entonces volteemos a ver a Lorenzo Córdova, Presidente del Instituto Nacional Electoral, con su actitud negligente  y decisiones salomónicas, donde lo único que ha ocasionado al frente de esta institución es burlase de la inteligencia de los ciudadanos. Con esto, una mentada de madre más para el ilustre suizo.

En el tercer libro, el intelectual concluye que el gobierno es “el ejercicio legítimo del poder ejecutivo”; nuevamente en México se rompe esta regla porque, al contrario, el poder ejecutivo lo que ha hecho es actuar de manera ilegítima. También en esta tercera parte, el escritor pronosticó lo peligroso de la extensión y poderes del Ejecutivo, ya que señala que “cuanto más crece el Estado, más disminuye la libertad”; aquí sí nuestro sistema político cumple la regla: el ejercicio del poder estatal ha disminuido las libertades. ¿Hay alguna duda?, veamos pues los casos de espionaje, los crímenes de periodistas, corrupción, desaparecidos, etc. Quizá en esta parte el teórico estaría orgulloso de que su predicción de hace más de dos centenas de años, en México se cumpliría.

El cuarto y último libro habla sobre “la bondad humana y la rectitud de los hombres”; otra mentada de madre para el pobre pensador con el caso de México. Duarte, exgobernadores, sistema judicial pútrido, sistema electoral ultrajado, soberbia infundada, cinismo desatado, entre otras cosas, manifiestan la antítesis de estos majestuosos principios.

Una consideración más. Rousseau afirmó que “todo sistema de gobierno no es el adecuado para ningún pueblo, ya que éste sólo busca el interés propio y no para lo que se constituyen los Estados modernos, que es el de lograr el bien común”. Creo que, en este asertivo punto, no hay nada que discutir; aquí la maestra le pondría su estrellita en la frente.

¿Qué le parece querido lector? A pesar de la antigüedad del libro que aborda con precisión los asuntos públicos y los momentos actuales (complejos) que vivimos, la involución se hace presente manifestada en el avance retrógrado dentro de un sistema que nos quiere vender, bajo el contexto de Rousseau, que somos país democrático, pero lo que en realidad somos, es un “pueblo” que sólo acude a las urnas a votar para disque elegir democráticamente a los gobernantes; acto seguido, dejamos de existir; así como lo lee, dejamos de existir, por lo que el contrato social sólo seguirá siendo un fantasma que ideológicamente nos persigue, y que sólo en la próxima vida, si somos buenos ciudadanos, podremos conocer. Pero como siempre, usted tiene la última palabra.

Feliz semana, y dígale NO al “mal rato”.

@OmPechir

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