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Molcajete

En el recuento de los daños

 

Om Christian A. Pechir

En el recuento de los daños, tenemos a un México cada vez más descreído y frustrado. La corrupción e impunidad se han convertido en los ejes de las agendas y discursos de los políticos que, para el caso del Partido Revolucionario Institucional, el tiro le está saliendo por la culata, al querer, en tiempos electorales en tres entidades -siendo la más importante, la del Estado de México- y en los inicios del 2018, navegar con una bandera de que son los redentores, cuando han sido ellos mismos los que han criado a los cuervos, y ahora resulta que se quieren deslindar de este lastre, cuando ya se los olvidó que sus cuervitos, mientras volaban en lo alto, eran los aliados convenientes y generosos.

Nuestro país siempre ha sufrido de corrupción, pero lo que no acaban de entender los partidos políticos y sus actores melodramáticos es que, hoy, a diferencia de hace cuarenta años, el sol ya no se puede tapar con un dedo, colocando el virus en el centro de la atención nacional y dejando ver los entretelones del sistema de corrupción que tiene a México agarrado del cuello, tal es el caso de “Odebrecht”, por ejemplo, que no sólo ahorca al país, sino a varios de América Latina y a otras más democracias del mundo.

Y hablando de Odebrecht -para recordarlo y que no nos vaya a dar amnesia con la salida a escena de los bateadores emergentes, Yarrington y Duarte, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló que mandatarios y altos funcionarios de doce países, incluido Fox Quezada, Calderón Hinojosa –que anda ahora de manager de su esposa Zavala- y Peña Nieto, recibieron 778 millones de dólares en sobornos a cambio de contratos millonarios, principalmente en el ramo energético; esto, entre los años 2000 y 2016.

Pero no nada más sobornos, sino también existieron negociaciones en sobreprecios, evasión fiscal, paraísos fiscales, robo al erario público y defraudación del Estado, ocasionando la contaminación de sistemas democráticos y corrupción de partidos políticos, dándonos a entender que estamos en presencia de un Estado paralelo, en donde el hampa controla presupuestos, congresos locales e instituciones.

Es una pena que en México se tengan las mejores leyes de transparencia de América Latina, sin embargo, pasa nada. Es lamentable que, en el juego de la simulación, tengamos un Sistema Nacional Anticorrupción, pero que se posterga o se evade los nombramientos del fiscal y magistrados especializados atorados por los intereses.

El reto para este Sistema no sólo será reducir la epidemia, sino cambiar la percepción y el hartazgo de los mexicanos, en donde muy ingenuamente, Ochoa, presidente del PRI quiere demostrarnos que expulsando a los “malos” de su banda, su partido quedará inmaculado vendiendo la idea de que son “la mejor opción”.

Ante el enfrentamiento con la peor crisis en la historia, la corrupción e impunidad no son un atributo de nuestro patrimonio cultural, y más, por el simple hecho de ser mexicanos. Pero los corruptos egresados con mención honorífica son ya una legión que, con su conducta impune, integran una tribu urbana, y por eso tal vez, como lo dice el presidente de México, estos males son una cultura. No nos equivoquemos, estos virus no son una cultura, son un problema grave que hay en las instituciones que no están cuidadas y en donde no se aplica la ley, gracias al sistema corporativista, favoritismo y privilegios que protegen las relaciones políticas.

El tema toma relevante importancia no sólo para las elecciones de 2018, sino para las que están en puerta. Las opciones existentes no representan una nueva opción; “alternancia” como se dicen algunos. Gobernar no es administrar los problemas, mucho menos sin resolverlos. Hoy, sin gobierno, la corrupción e impunidad resultan intolerables. Hay que recordar que jactarse de estadista no sólo se trata de reformar leyes, sino también conductas.

¿Dónde está lo nuevo? ¿Dónde está el cambio? ¿Dónde están las nuevas formas de gobernar? Lo único nuevo son los incrementos en los índices de voracidad y complicidad.

Si en todo este recuento de los daños, los políticos no dejan de hacer lo conveniente para hacer lo correcto, llegará el punto de lo que alguna vez dijo Emiliano Zapata: “Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno”.

Querido lector, felices pascuas.

@OmPechir

 

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