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La Opinión de Hoy

Por: Manuel González Espinoza

(Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México de la que fue Catedrático durante 27 años en las materias de Garantías Individuales y Sociales, Derecho Municipal y Derecho Político).

La pérdida del PRI de 7 gubernaturas en las elecciones del 5 de junio pasado fue producto del voto de castigo. La sociedad reaccionó así por múltiples razones.

El hecho de que las iglesias, especialmente la católica, argumentaran no estar de acuerdo con algunas iniciativas de ley que recientemente fueron enviadas al congreso. Las asociaciones religiosas orquestaron una campaña para incidir en el voto pero esta no fue la única razón.

Las derrotas electorales fueron multifactoriales. La fórmula dominante para conseguir alternancias estuvo en alianzas partidistas con candidatos que son líderes sociales y que generaron expectativas positivas para la población.

Los votantes dieron su mandato en aras de llevar a la justicia a quienes consideran que los han traicionado y por lo tanto les han fallado. Se expresaron en contra de los incapaces, corruptos y torpes que hacen como que hacen política.

La democracia electoral sí funciona si como es tenemos el real y anunciado sufragio efectivo.

El PAN recibió el voto de la mayoría hundida en la desigualdad. El voto que consiguió fue expresión de hartazgo, de desilusión, de desesperanza, por la pobreza creciente y el desempeño del desempleo.

La corrupción, la ineficiencia y la impunidad son campo fértil para la toma de conciencia ciudadana que en una sociedad democrática se externa a través del voto.

El mensaje de la ciudadanía fue claro: quieren mejores gobiernos; que ubiquen el interés del pueblo como eje principal de su actuación. Quieren gobernantes honestos, alejados de la corrupción, que entreguen resultados y se alejen del conflicto de intereses; no quieren gobiernos de camarillas o de grupos; la sociedad tiene una especial inclinación hacia los equilibrios.

La ciudadanía reclama ser escuchada, que sus representantes estén cada vez más cerca de ellos para plantearles sus necesidades urgentes pero también para proponer soluciones.

El pueblo es quien tiene la última palabra: en una elección se gana o se pierde… ese es el sentido de la democracia.

No debemos olvidar que la geografía territorial y humana es diferente en cada región del país, en cada entidad federativa las realidades locales son mosaico de problemas y circunstancias distintas; verbigracia, Puebla, Veracruz, Tlaxcala, Aguascalientes y otras entidades no presentan la misma realidad económica, política y social que el Estado de México.

Los resultados electorales denotan que el PAN se asume como el gran triunfador en los comicios del 5 de junio y ya vislumbran –según ellos- su retorno a Los Pinos pasando por el Estado de México; por tanto el partido en el poder –el PRI- salió derrotado.

El PAN anuncia que triunfará en los comicios del año que entra, principalmente su objetivo es el Estado de México.

Acción Nacional ha anunciado que hará todo para ganar nuestra entidad federativa, incluso están analizando la posibilidad de lograr una alianza o coalición con el PRD.

No debemos dejar de reconocer que estos partidos nunca han dejado de luchar por ganar esta entidad e incluso han obtenido senadurías por el principio de mayoría relativa; eso no significa que tienen el camino pavimentado para un triunfo electoral.

Las elecciones en el Estado de México serán impactadas por los temas de seguridad, alerta de género, justicia y otros más, por lo que todo lo que se ha hecho y se realice en estos campos necesariamente influirán en los resultados electorales. Todo lo que se instrumente para ser eficaces en el combate al delito, a la inseguridad, a la transparencia y a la rendición de cuentas, así como el fortalecimiento de las instituciones se verá reflejado en la emisión del sufragio.

Los graves conflictos del país, la violencia y la penetración del crimen en las instituciones, la corrupción y un complicado entorno económico en lo interno y lo externo son factores que determinan el sentido del voto ciudadano; por lo tanto los gobiernos están obligados a realizar el mejor de los esfuerzos en dar respuesta al reclamo popular.

Vemos cada día más fuerte y directo el malestar ciudadano ante los malos gobiernos. El castigo de la crisis ha visto emerger un México cargado de insatisfacciones y demandas, ansias de respuesta efectiva y de vías políticas de participación.

Los tiempos jurídicos y políticos que establece la ley se están acercando; no existen triunfos ni derrotas preestablecidas, en cada sección electoral se da una batalla ideológica, programática pero también es opción de evaluación de resultados gubernamentales.

Las oposiciones encontrarán en el Estado de México un partido mayoritario fundamentalmente competitivo, fuerte, activo, eficaz que renueva su discurso, que está dando la batalla para mantener credibilidad en todos los frentes y en la opinión pública.

El proceso electoral será sin duda oportunidad para llegar más a la sociedad plural y diversificada.

El Partido Revolucionario Institucional tendrá que ir a la madre de todas las batallas electorales como un partido unido, sin fragmentación, respetuoso de los principios que en otros estados pareciera que estuvieron ausentes; es decir se tiene que privilegiar la lealtad, el trabajo y la disciplina partidista; garantizar la democracia y la fortaleza política interna.

El candidato o candidata deberán ser conocedores de los problemas de las distintas regiones del Estado y en consecuencia revisar una estructura territorial y humana de carne y hueso, sin simulaciones. No es lo mismo el sur con Tejupilco, Tlatlaya, Amatepec, Luvianos, etc., que el norte con Atlacomulco, Acambay, Jilotepec, Aculco, etc., o bien la zona oriente con Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chimalhuacan, La Paz, Amecameca, etc., o bien el Valle de México con Huixquilucan, Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán de Zaragoza, etc.

El PRI debe seguir reconociendo el ritmo de lo nuevo y darle espacio sin voltear demasiado hacia atrás, sujeto a la auditoria de la sociedad y obligado a negociar permanentemente con ella.

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