TRINCHERA GLOBAL

Estrasburgo

Por: José Edgar Marín Pérez

¿Qué pasa en la mente de una persona que comete un atentado terrorista como el sucedido en esta semana en la ciudad francesa de Estrasburgo?, de entrada cuando realizan las primeras pesquisas de los culpables suelen exhibirse  fotografías de individuos con ciertas características físicas. Sin embargo, pocos imaginamos que detrás de esos individuos que pudieran parecer “normales” u “ordinarios”, se esconden personas rotas, vacías, sin amor por sí mismos ni por sus semejantes, seres inhumanos, ignorantes y que ven en el hecho de hacerle mal a las personas una forma de saciar sus vidas miserables.

En este sentido, la intolerancia religiosa que es el sello distintivo del fundamentalismo sigue haciendo de las suyas en este 2018, esta vez tocó Estrasburgo como hace unos meses tocó Pittsburgh en los Estados Unidos y así podemos recordar muchos otros atentados que se han suscitado por este tipo de fanáticos religiosos que en la promesa de una existencia más satisfactoria cuando perezcan.

En este orden de ideas, quiero aclarar que el fundamentalismo religioso no es único y exclusivo del Islam, de hecho esta columna no pretende ser una queja contra dicha religión, que de hecho su libro sagrado “el Corán”, es una serie de alegorías de una belleza particular escritas de forma poética. No, el fundamentalismo religioso se puede dar lo mismo entre musulmanes, que entre cristianos, judíos u ortodoxos.

Bajo este tenor, si no es la religión la culpable de estos atentados quién lo es, sin duda alguna el individuo que comete dichos actos en contra de sus semejantes, el dañar a los demás se justificaba en el pasado en las guerras, producto de los ánimos coloniales o expansionistas de los pueblos a lo largo y ancho de la historia. Pero hoy en día no se trata de ejércitos en disputa, sino terroristas que vulneran la seguridad de ancianos, de niños, de mujeres y hombres que son hijos de alguien, que podrían ser padres de alguien, vecinos de alguien, estudiantes de algún centro de educativo, es decir, el terrorista cual criminal cobarde es tan egoísta que no advierte el grado de daño que puede hacerle a las víctimas, cómo es que sus actos pueden romper la vida de los demás de formas indescifrables.

Asimismo jamás la sociedad repara en que esos criminales en muchas ocasiones también son padres de alguien, hijos de alguien, vecinos de alguien, que han llevado existencias mezquinas, que han hecho de la indecencia su forma de vida, que van de un lado a otro tratando de culpar a quienes consideran les han hecho daño, sin ver que los únicos responsables de su existencia son ellos mismo.

En este orden de ideas, geopolíticamente este tema enciende los focos rojos en una Francia vapuleada por distintos movimientos sociales, sobre todo porque cada vez que se han suscitado este tipo de actos (basta recordar los de París y los de la costa francesa hace pocos años), renace el sentimiento antiinmigración y surgen voces desde la ultraderecha o la ultra izquierda que amenaza con el dedo flamígero a los migrantes islámicos de países de oriente medio y África.

Finalmente, basta ver cuáles serán ahora las restricciones que habrá de implantar el gobierno de Macron en Francia, así como las medidas de seguridad que habrán de seguirse no sólo en Estrasburgo sino en toda la comunidad internacional. Toda vez que escondidos en el grito y la acción cobarde que llama a la yihad, se entiende que este tipo de terroristas miserables habrán de continuar acechando porque ya está en su naturaleza.

Comentarios y sugerencias: angelnocturno033@hotmail.com

Twitter: @EdgarMaPe    

 

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