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EL VALLE DEPORTIVO

Pedro Eric Fuentes López

Cada cuatro años surge la fiebre por el clásico álbum del Mundial de Fútbol en curso. Muchos aficionados atesoramos este mágico cuadernillo como un preciado objeto de colección. Y no es para menos, ya que cada edición se hace más difícil completarlo. Con el paso del tiempo los costos han aumentado y esto ha llevado a que algunas personas busquemos otras alternativas para llenarlo.

Recuerdo que cuando iba a la primaria, comenzaba mi aventura por la colección de estampillas futboleras, así como los mini cromos de béisbol que estaban en una envoltura de chicles, así como aquellos de futbol americano; aquella época fue la neta del planeta en la apertura de coleccionar e intercambiar esas bellísimas mini postales deportivas.

Pero en el entorno del balompié, fue tan elocuente que previo y durante la Copa del Mundo Argentina 1978, marcó sin duda en todos los sentidos, mi pasión por el deporte y entonces cuando salió a la venta el álbum, seguramente les pedí a mis padres algunos pesos para comprarlo y después para las estampas, que dicho sea de paso, era tan peculiar acudir a la tiendita de la cuadra o de la colonia, así como a dos o tres papelerías que también las vendían y hacer prácticamente un petición muy especial al aire para que no me salieran “muchas” repetidas…aunque también valía la pena conservarlas para el famoso intercambio antes de entrar al salón, durante el recreo y obviamente a la salida, justo cuando ibas a comprarte esas deliciosas tortillas enrolladas bañadas de salsa verde, que le llamaban enchiladas.

Podías al mismo tiempo que degustabas la orden de 3 ó 4, darle un repaso de reojo a quien estaba mostrando sus “repe” para intercambiarlas y justo cuando terminabas chupándote los dedos y limpiándotelos en el pantalón o en el sweater escolar, lanzabas el grito de: “…a mí me falta el Pato Fillol (portero de la Argentina) y que era muy difícil de conseguir. Pero justo ahí, en esas reuniones de amigos, que compartíamos miles de sueños, construíamos un mundo imaginario alrededor del cuadernillo.

La emoción siempre invadió mi corazón y mi ser. Era fantástico abrir los sobres con tal delicadeza para evitar rasgar la estampa, excuso comentarles que en varias ocasiones me ocurrió y el llanto hacía su labor en mi rostro, pero aún con el suspiro eterno, confabulaba con la imaginación y me las arreglaba para pegarlas. Sííííííííííí, en esos ayeres eran pegadas con pegamento blanco, ese de la botellita que al abrirlo no había más que ponerle un alfiler con cabeza para poder volverlo a utilizar. Ahhhhhhh, que belleza de adquirir, juntar, cambiar, intercambiar y hasta negar una estampilla porque sin duda el mejor resultado de todo eso era ser de los primeros en completarlo.

Las tardes en casa las pasábamos entre tareas escolares y las propias que nos dictaban nuestros papás, además del tiempo suficiente para jugar; sin embargo, mención aparte merecía el tener que abrir el tesoro reunido en dos pastas gruesas y suficientes hojas con recuadros numerados y con nombres y apellidos, y que gracias al pegamento comenzaba a pesar, pero lo cuidabas con tal magnitud que no querías ni que le diera el aire.

En mi caso, a partir del ´78 cada justa mundialista tenía como preámbulo tratar de llenar mi álbum e inevitablemente lo seguí haciendo por varios años más, porque cada ocasión era distinta, la adrenalina subía de tono, los latidos del corazón parecían centellas cuando alcanzabas la figura anhelada y deseada y que casi no se “podía conseguir”, era como un milagro que te saliera y cuando eso ocurría no querías ni pegarla. ¡Caray!!!

Y hoy en día cuando veo a mis chavos y cientos más comprar sobres y hacer intercambios, son inevitables los recuerdos y las reacciones térmicas que me producen son síntomas inequívocos de una evolución. Y cómo no, si basta en principio, nada más ver el precio tanto del álbum como de los sobres. Enseguida, visitar distintos lugares para que no salgan repetidas, por supuesto esto tiene como obligación, no abrirlos sino hasta que estés en casa en el mejor sitio que hayas elegido para seguir con una traición. Uffffffffffffffffffffffffffffffffffff.

Así pues, en este año mundialista, a pesar de que cualquier cantidad de libros sobre el universo del fútbol salen a la cancha, sigo con la clara idea de que no hay nada más emocionante que llenar un álbum. Si este recuerdo te hizo volver a tus osadías en ese sentido, me siento un privilegiado de que compartamos extrasensorialmente tal afinidad. En cambio, si no coincidimos, seguro estoy que tus hijos, sobrinos y/o hermanos, lo transmitirán en lo sucesivo.

Por cierto, alguien tiene repetidas?

En otro Valle, y este, aunque no es riesgo de vida, si tiene sus tintes inverosímiles por todo lo que implica y no es otra cosa más que el candado aplicado por unos cuantos para preservar, según ellos, su don de dinero, de mandato, de equilibrio financiero, sus equipos y lo que conlleva.

En efecto, cada día el futbol mexicano me sorprende más y seguro estoy que a ti también. Lo sucedido hasta el cierre de esta edición con el NO ASCENSO de quienes, por méritos propios, en la cancha, de manera deportiva y sin tabúes ni tapujos, pugnaron por llegar al máximo circuito, han recibido una canallada y una vileza en contra de los mejores estatutos del deporte mundial. Qué pena, coraje e impotencia ha generado tal decisión y todo por el cuidado de algunos intereses que solo los que están cerca de la estructura saben muy bien el mal y daño tan grande que están haciendo.

Ni modo. Tendremos que ajustarnos a muchas cosas, aunque no queramos y ni siquiera lo imagináramos. Este Valle continuará la siguiente semana con el tema que uffffff da para muchas cosas más, y como adelanto les puedo asegurar que si en un momento determinado el Atlante, que había descendido, compró una franquicia y se quedó en el máximo circuito…será acaso que hoy suceda otra vez????...

¿Estadios que no reúnen los requisitos y que están en letras pequeñas en los contratos??? Patrañas!!!

Pásenla bien!!!

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