EL VALLE DEPORTIVO

Pedro Eric Fuentes López

Y cuando por fin me llegaron la bici vagabundo, la autopista scalextric, el hombre increíble de goma, el látigo verde, jamás podían faltar las botas llenas de dulces y obvio, un balón de futbol y mi uniforme rojo, así como mis guantes y tachones absolutamente negros y llenos de tantas ilusiones…

Ilusiones que inundaban de felicidad en su momento a los 5 hermanos que conformamos mi familia; esta aventura decembrina siempre estaba cargada de eso y algo más, pero más de fe y esperanza que conforme íbamos creciendo cada uno comenzábamos a hilvanar nuestra creencia y nuestros sueños.

Así pasaron los años de mi niñez con esperanzas de llegar a la que, al menos yo, suponía era la mejor época del año y que a pesar de todas las vicisitudes del mundo, soñaba con ver debajo del árbol y en mis zapatos mugrosos o mis tenis raídos, un regalo de lo que podían traerme tanto santa como los reyes…cuando tuve noción de la realidad que imperaba, supe que lo mejor estaría por llegar y que de acuerdo a lo que yo había recibido era momento de devolver lo mucho de lo imposible que en muchas ocasiones hacían las figuras decembrinas por arrancarnos una sonrisa y pasar de mejor manera los crudos fríos.

Hoy la historia no puede pasar desapercibida, sobre todo aún por los momentos álgidos por los que se atraviesan y que redunda en recuerdos que están en el cajón y que es momento de sacar para retomar fuerzas, para atizar una gramo de esperanza y aterrizar la bonanza y bienestar necesarios para cada uno de quienes están a nuestro lado y deseos de mejora para quienes se van y para quienes se han adelantado en el viaje eterno.

Son momentos y días de reflexión al mil por ciento, de erradicar lo malo que se dio y soldar con gratitud lo que se ha propuesto, darle la vuelta a la página en su mayoría de las ocasiones duele, pero justamente eso es crecimiento, y cuando se canaliza de mejor manera lo que sigue se vislumbra distinto y mejor.

En ocasiones no basta con solo desearlo y pedirlo con todas tus fuerzas y corazón, porque en otras o no se puede, o no se debe, o de plano te encuentras con un palmo de narices que carcome tu ser. Por eso, hoy es distinto, porque cada uno sabremos hasta dónde, hasta cuándo, y hoy tenemos la mágica oportunidad de discernir sin herir, sin lastimar y seguir soñando.

Por eso, si de niño jugaba con aquellos elementos y que seguro estoy también los recuerdas de grata manera y que nos han marcado para toda la vida, no puede pasar inadvertido aquel año donde con eso éramos felices y no era necesario más que la tutsi pop o la paleta payaso para completar el presente que teníamos, incluso, ¿a poco no?, quienes tuvimos un ring con luchadores, o un par de boxeadores de madera que activaban golpes hasta derribar al contrario, o el yoyo, o balero, o el trompo, las sensacionales pelotas rojas con rayas negras emulando un balón, o el ovoide de plástico, o los súper tenis antiderrapantes, o el chutagol aquel donde las miniaturas no se movían sino les caía el baloncito en su pies y oprimías la cabeza para chutar, el bate y pelota de goma para imaginarte en el diamante, la consabida pelota de voleibol para elevarla “hasta al cielo” y darle con “toda tu fuerza” para un punto, o la cuerda multicolor para saltar mientras intentabas hacerlo corriendo porque ya eras grande, o que me dices de la famosa patineta de madera con líneas negras, o aquella avalancha que cuando se enredaba tu pantalón entre las llantas y el freno, era seguro que tu pantalón se rompiera… Ufffffffffffff, que recuerdos verdad?

Sirva el momento para evocarlos y traerlos como condimento principal de este diciembre de 2017, donde como en aquellos ayeres, con lo que nos podían dejar las mágicas estrellas convertidas en maravillosos seres, se podía ser feliz y aspirar a ser un deportista, porque desde ahí comenzaba nuestra fulgurante búsqueda de identificación deportiva.

Por ello, es sinónimo de que quienes tienen en sus manos los destinos y directrices del deporte a todos los niveles, tengan en cuenta esos sueños que a veces se cristalizaron y arrancaron más de una lágrima pero más sonrisas por doquier, porque son momentos hoy de no claudicar y sellar la esperanza de los deportistas y atletas que esperan un regalo, un anhelo y una alternativa para poder, en muchos de los casos, continuar con sus carreras, y teñir su terreno a través de una continuidad que debe ser bien heredada, donde los sueños se cristalicen y formen parte de un estilo de vida.

Yo no pido nada más para la noche buena ni para la última noche de este año más que argumentos sólidos de beneficios personales y colectivos, cuando los regalos en forma de ayuda, de apoyo, de estímulos, de reconocimiento y de dotación de la cultura física llegue, entonces podremos volver a esos recuerdos que inundan cada poro de nuestro ser y tener los argumentos de buenas bases estructurales y que no solo queden en buenos deseos.

El deporte exige hoy por hoy nuevas alternativas para alejar de las terribles garras de la delincuencia a quienes se atreven a soñar en cambiar el mañana, erradicar el horrible caso de obesidad que tantos males genera, abatir el rezago socio-deportivo con nuevas y sólidas propuestas para tener el semillero que tanto exigimos, abrazar con toda pulcritud el tema de salud y darle el lugar preponderante que necesita y requiere lo recreativo.

Hoy quiero para ti, donde quiera que estés y con quien estés y como estés, que si bien es cierto enlazo esto en tema deportivo, te genere un “algo” de fina esperanza y no claudiques en alcanzar tus objetivos, porque tal como las églogas del deporte, si bien es cierto que es muy importante ganar, lo es aún más, intentarlo una, y otra y otra vez hasta que lo consigas.

Te abrazo con profundo respeto y agradecimiento por el favor de tu lectura, deseándote que este domingo y lunes próximos sean significativos y especiales para ti y tus seres queridos y amados y que la fortaleza prevalezca para lo que viene. Felices fiestas!!!

Pásenla bien!!!

 

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