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EL VALLE DEPORTIVO

 

Pedro Eric Fuentes López

“A pesar de las cosas que envilecen al futbol actual, como corrupción, explotación económica, dopaje, racismo y xenofobia, el futbol ha podido mantener y renovar la capacidad de asombrarnos” Juan Villoro.

Después de la tempestad llega la calma y con ello el ferviente deseo que la victoria permanezca por mucho tiempo y en consecuencia, la derrota pronto se disipe para dar rienda suelta a la incansable búsqueda del triunfo, con el consabido aprendizaje que esto produce en ambos casos.

La demostración más pura de esta idea, es con base en lo que paso este domingo al término de la final del Clausura 2017, donde el equipo del Guadalajara derrotó a los Tigres del UNL, dejando abierta la posibilidad de un sinfín de opiniones encontradas durante los poco más de 180 minutos que duró el concierto futbolero para definir un título.

Soy de los creyentes que en el deporte como en la vida, el triunfador es aquel que arriesga casi en su totalidad su osadía para erigirse como ganador y hacerlo con las églogas del buen deportista (en su caso)  y asimilar de manera inmediata y natural un hecho que puede ser catalogado de histórico, pero con la condición de haberlo realizado en igual de condiciones y con la capacidad suficiente de ser pequeño en el triunfo y enorme en la derrota, realidad que sólo los más locos-cuerdos pueden disfrutar, entender y extender por doquier, y es justamente lo que más llama la atención.

Sí, porque para el deportista y/o atleta, los minutos de gloria pueden ser eternos y los de la derrota pueden marcar tan solo un pasaje pero con la firme convicción del deber cumplido aún a costa de los imponderables que pudieran presentarse. Mantener ecuanimidad no es nada fácil y mucho menos sencillo, pero la humildad caracteriza ambos matices de la vida deportiva y si bien es cierto que de un segundo a otro se puede pasar de la gloria al infierno, es cuestión personal, aceptar de la mejor manera que siempre hay alguien mejor que uno.

En este Valle, hago referencia al buen ganador de las chivas sobre los tigres; unos con el marco ideal para levantar el cetro y los otros con la categoría de un equipo que deberá trabajar el tema de la humildad. Aunque también debo reconocer que existieron varios factores que influyeron en el derrotero pero que, insisto, se vuelven condiciones para un mejor análisis y dejar de lado el apasionamiento y el favoritismo. Hoy es momento de reivindicar a nuestro entorno futbolero otorgándole el beneficio de satisfacción por lo demostrado hasta el final.

 Vencedores y vencidos, son dignamente grandiosos representantes del deporte, del futbol y de la historia en nuestro país, para ellos creo que debemos otorgarles un sentido aplauso y caluroso abrazo en aras de dignificar la diaria labor que realizan por defender sus intereses, a sus organizaciones deportivas, a sus familias y a sus seguidores. Hoy fue el rebaño “sagrado”, y la felicitación es extensa por su conquista con base en la determinación, garra, coraje y empuje, amén de un trabajo psicológico bien encausado y mejor encaminado, pero atención, esto no concluye aquí, por el contrario, apenas comienza el trabajo para una continuidad y seguir demostrando la valía de un equipo, comprometido con sus ideales.

En cuanto al conjunto norteño, también la felicitación por su entrega y dedicación demostrada a cabalidad, pero que no le alcanzó al último, más allá de las marcaciones y más allá de todo lo que ha girado a su alrededor. El equipo felino es grande y lo ha demostrado y seguro estoy que seguirá con esa mística y tradición que les obliga a ser invitados de lujo a una ronda final, pero ojalá que también sea con la claridad de la mente positiva y como en este caso, de aceptar los imponderables que surjan.

Cierto estoy que hay “detallitos” en un partido de futbol y más en una final que lo empañan, pero la capacidad es con o sin los mismos, acá el juego consiste en meter la pelota en la red enemiga y sacarle ventaja al rival, derrotar al rival con categoría y ser el primero en estirar el brazo esperando el apretón de manos en señal de reconocimiento al vencido y no burlarse, ni exagerar en situaciones que producen otras, porque lo más importante, me parece, es reafirmar el ideal del deporte, sus valores y mejorar a los seres  humanos deportistas.

Y por eso existe lo que se define como juego limpio y que, en muchas ocasiones es lo que más falla y basta leer una definición para captarlo de mejor manera:

“Es un concepto del mundo de los deportes para referirse al comportamiento honesto y correcto que deben observar los atletas y deportistas ante su oponente, el árbitro y los asistentes….

…es tener respeto al contrincante, al árbitro y a las reglas; practicar el juego limpio, sin trampas, trucos o simulaciones para confundir al rival o al juez; no ofender, humillar ni maltratar a ningún participante de la contienda, y, muy importante: el juego limpio es asumir la derrota con dignidad y disfrutar la victoria con sencillez y respeto…así, gestos como un saludo amistoso al adversario, una disculpa luego de una acción indebida, entre otras cosas, son acciones que manifiestan el espíritu de competir limpiamente…

El objetivo fundamental del juego limpio es evitar al máximo todo tipo de conductas o comportamientos que afeen la belleza del deporte o que estén fuera del deber ser del juego, como por ejemplo irrespeto a las reglas, a los jueces, al rival, a los propios compañeros y a la afición…”

Entonces, esto para la revisión individual y en su caso colectiva, porque como vemos, claro que aplica, también, para varios de “colegas” y cierro una vez más con la felicitación extensa para mis amigos y seguidores de las Chivas y mi abrazo fraterno para mis amigos Tigres, dejándoles esta bella referencia:

“Hay quienes no heredan otra cosa que el adorado nombre de un equipo.”

Juan Villoro, Balón dividido

Pásenla bien!!!

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