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EL VALLE DEPORTIVO

 

Pedro Eric Fuentes López

“El futbol sucede dos veces: una en la cancha y otra en la mente del público. Este deporte siempre está ahí para recordarnos algo o para olvidarnos de algo, pero siempre está. No nos puede resultar indiferente, es ya parte de nuestra cultura, la más primitiva y la más fascinante…” Juan Villoro

 El tema de “moda” de por sí es álgido y con todos los tonos de un arcoíris que nos ha invadido de una manera estratosférica, donde unos a favor, otros en contra, pero que al final del túnel aún no hay nada cierto que toda esta vorágine y sus consecuencias beneficien al futbol y todo lo que conlleva.

Que si estuvo bien o mal, eso lo dictará el tiempo, mientras tanto, miles de diretes y sombrerazos por no ponernos de acuerdo habrán de llegar a raudales y caudales y que conste que cuando señalo esto es porque nos incluyó, sí, a ti  y a mí porque desde nuestras trincheras debemos comenzar a lanzar una bocanada de respeto deportivo independientemente de la actividad que sea.

Hoy tocó al deporte más jugado en todo el orbe, a ese que en nuestro México representa el plus de los fines de semana y la exaltación y veneración a la redonda, a los equipos y a los jugadores, sí, el futbol es magia que en tan solo unas horas, unos días, se tiñó (curiosamente) de negro, pero con manchas muy negras y lastimosamente y tal vez lo único que nos faltaba, dentro del terreno de juego.

Yo no celebro bajo ninguna circunstancia la agresión y las faltas de respeto a las que se someten los protagonistas de un partido, unos en el afán de querer ganar y otros en el de figurar en el plató, sin embargo, lo sucedido (y basta de señalarlo ya) es el colofón de una manifestación sumamente anunciada y que se veía venir y no supieron ni prevenirla y mucho menos detenerla.

Hoy, con lo consumado lo que debe imperar a partir de ya! es la perseverancia en querer y poder levantar una muralla en contra de la violencia de cualquier índole. No solapar ninguna manifestación contraria a lo establecido en los códigos, respetar y hacer valer los lineamientos que han estado ahí por años y que cada equipo, directivo, cuerpo técnico, jugadores y aficionados saben pero que a la mera hora y por unos cuantos instantes se olvida y en su ímpetu los dejan de lado y los convierten en presa fácil de sus demonios y genera violencia que independientemente del o los castigos debe sancionarse y colocar un estandarte para el futuro inmediato.

La experta en psicología del deporte Claudia Rivas, señalaba recientemente que los valores, ética, normas, disciplina; todo aquello que muestre límites ahora son más cuestionables, y tiene razón, porque tiene su fundamento en que si me toca y perjudica no lo acepto y entonces donde quedan esos principios que todos en algún momento debemos tener, ¿dónde?

Hoy tocó darnos cuenta de que las cosas se esfuman, se van en segundos y tu inquebrantable fuerza de “guerrero” leal quedo de lado, aun cuando sabes que las consecuencias pueden (como en los casos sonados) ser duras y acorde a los hechos.

Ahora bien, no se trata de juzgar, al menos yo no, pero el caso que nos atañe tuvo varias aristas, desde la aplicación de un reglamento, desde la interpretación y desde la acción-reacción, entonces más allá de que se unan los árbitros y pongan en la mesa sus peticiones y posturas, eso tampoco les daba derecho a hacer justicia por su propia mano, tanto o igual como a quienes les temblaron las manos para dictar un fallo sin regreso y sin presiones.

Yo sigo en una profunda reflexión de los casos porque existen otras acciones que vienen a mi mente y que son altamente para desmenuzar, pero me queda claro que la agresión o intento como se ha venido manejando, ha generado una inmensa división de opiniones y las consecuencias están ahí, si el reglamento decía un año, ni hablar, eso es y a darle pa’lante porque todo aquel que hemos pateado un balón en un encuentro de futbol sabemos que el árbitro es intocable, que también es ser humano y se puede equivocar y que sus errores pueden pesar pero de ahí a la agresión hay un abismo de diferencia, pero bueno, eso queda claro, lo que no es cómo juzgan y/o analizan las mentadas de madre, los escupitajos, los reclamos airados, las burlas soeces, las desaprobaciones, los golpes sin sancionar, etcétera, me parece que es un tema que nos dará para muchísimo tiempo y tal como los nazarenos piden y quieren respeto, ahora tendrán la OBLIGACIÓN de otorgar lo mismo que exigen y cuidar y aplicar cada letra del reglamento que tendrá que ser a raja tabla y con todas las de la ley sin importar colores, nombres e instituciones.

Lastimosamente hoy se ha exhibido un completo enfrentamiento de intereses que ha abierto la cloaca; la Femexfut, la Liga MX, la AMA (árbitros), equipos y jugadores, público en general, prensa especialista, deberemos trabajar al máximo para arrancar de tajo este maldito cáncer que perjudicó un fin de semana a miles de personas e instituciones, es momento de que en verdad el juego limpio impere en nuestros estadios y que con la gente capacitada y leales contrincantes se esfuercen en sacar de la lona a nuestro balompié.

Que si las sanciones han sido exageradas o mal vistas o tenebrosas o tienen  tinte de represalias, ya lo veremos y seguro estoy que el tintero generara más todavía. Esto no es una cacería de brujas ni una persecución ni de Caín o Abel, esto es un deporte, esto es el pan de cada día para cientos de familias, este es nuestro momento, esta es la realidad y se llama futbol mexicano. Por favor evitemos desde el ángulo que lo quieran ver ser generadores de violencia que incite a más violencia, detengamos esto, aún es tiempo y se puede.

Señores árbitros, hagan su trabajo lo mejor posible y eviten polemizar en todo momento; señores futbolistas, ustedes son ejemplo y sueño de miles de niños que los ven como sus ídolos, contengan sus frustraciones en la derrota y sean prudentes en la victoria; señores dueños y/o directivos, su labor es proactiva, generen más empatía y congruencia entre sus coequiperos y cuerpo técnicos; aficionados, la lealtad se paga con lealtad, no rebasemos los límites del respeto ajeno. Tú, con qué te quedas?

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