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EL VALLE DEPORTIVO

 

Pedro Eric Fuentes López

A pesar de que se pregona a todos los niveles erradicar la violencia en cualquier ámbito, pareciera que es una constante que cada día nos invade más y la capacidad de asombro sigue siendo una característica común en nuestro entorno y de manera muy infortunada en el deporte (sin dejar de lado otras líneas de la vida) que se ha visto manchado una vez más, en una clara muestra de descontrol total y de desenfreno con equivalencia a un toque de locura.

Ante los lamentables hechos sucedidos en el Estadio Luis “Pirata” Fuente, que se ubica en Boca del Río, allá en Veracruz, vienen a mi mente esos recuerdos de diferentes escenarios donde el brote de violencia no distingue raza, credo, economía, y mucho menos género, y por ende arrasa con todo a su paso, lo mismo da que haya mujeres y niños para desatar su iracunda furia que, principalmente sale de un pequeño grupo de desadaptados que inmersos y cubiertos en el anonimato y protegidos por su horda, lanzan a diestra y siniestra, improperios y golpes sin importar el daño que puedan causar.

Estoy harto de ver como cada semana se presenta un brote de violencia en el deporte, lo mismo pasa en el amateurismo que en el profesionalismo y tal pareciera que eso hace alejarnos de los recintos, porque no se puede evitar lo que muchas veces he señalado, dejar afuera y muy lejos el fanatismo para ser un aficionado más en aras de pasar un agradable momento de sano esparcimiento deportivo y en muchas de las ocasiones en compañía de familiares y amigos, pero no, la realidad ha superado a la ficción, la barbarie vuelve a hacerse presente en pleno siglo XXI y con antecedentes inverosímiles en otras esferas del mundo, pero eso parece que no es motivo suficiente para erradicarlo y poner un alto correctivo a quien o quienes propician el vandalismo en los estadios.

Tengo que ser claro al señalar también que no todos los que acuden a un escenario son los protagonistas de estas indisciplinas y desgracias, pero si en muchas de las ocasiones son los paganos de atrocidades de pequeños grupos, quienes rijosos y al calor de quien sabe qué cosas, hacen de las suyas sintiendo superioridad y fortaleza física que únicamente lo manifiestan a través de las agresiones y saben qué? son las expresiones que vienen arrastrando desde su propio círculo familiar y/o social.

Basta! Lo he dicho, escrito y gritado en reiteradas ocasiones, no debe permitirse el vandalismo en ningún sitio y mucho menos en una grada de cualquier recinto del mundo; hoy tocó Veracruz, mañana dónde?

Soy de la idea y me sumo a los términos de rechazo categórico ante esta situación, si no se pone un alto y el ejemplo más claro, este pulpo seguirá creciendo y entonces sí, tendremos estadios más inseguros, menos asistentes y la lejanía de familias enteras a pesar de su fervor y preferencia por el deporte de sus amores.

Tampoco soy ave de mal agüero, sin embargo, cada vez son más recurrente este tipo de enfrentamientos; que sí hay más policías que asistentes, que si no hay salidas de emergencia, que si no hay medidas preventivas, que si los torniquetes, que si las revisiones, que si la maldita reventa, que si esto o que si aquello, todo está atentando con la paz y seguridad y estoy seguro que tanto tú como yo queremos ir al estadio con ánimo de relajarnos y ver (en este caso) un digno encuentro de futbol y disfrutar de las emociones que nos produce y alentar a nuestro favorito y ser cauto a la hora de la derrota y ante la impotencia que produce la derrota.

El deporte es así, hay ganadores y vencedores, pero es eso solamente! No es la guerra, carajo! Si no lo es en el terreno de juego, mucho menos debería serlo en el graderío y deberíamos comenzar con darle otro giro a la expresión de que si se paga un boleto se tiene derecho a tal o cual cosa, no!, nel, ni madres! eso hay que dejarlo de lado. Es cierto, se tiene derecho de un sitio en el inmueble que te da oportunidad de alentar a tu equipo, de compartir con otros tu sentir, de echarte una chela o un chesco, de lanzar porras y vitorear a tu predilecto, tal vez las sonoras rechiflas a tu equipo rival pero hasta ahí, qué caso tiene incendiar el ánimo de los antagónicos que también tienen las mismas libertades.

Se ha vuelto tan recurrente ver como gente inocente corre despavorida por las tribunas en busca de una salida o de un huequito para salvaguardar su integridad física, que esto causa enojo e impotencia, por favor, seamos de los primeros en hacer un frente común, dejemos ya los sueños guajiros y pongamos las manos al asunto, me parece que deben ser sancionables categóricamente estas equivocaciones que, insisto,  desgraciadamente son recurrentes, basta recordar los casos en el Estadio Jalisco, en el mismo “Azteca” y otros más, ya son muchas llamadas de atención que están ocurriendo como para que todos los que de alguna u otra manera estamos inmersos en el tema pongamos el dedo en la línea y pidamos al unísono un ALTO a la violencia.

Desde esta humilde trinchera, apuesto a que se denuncie cualquier acto de rebeldía y agresión en las tribunas, máxime si incide al exterior y trae consecuencias; por favor, estamos aún muy a tiempo de evitar tragedias mayores y de verdad si queremos un mejor deporte, un mejor futbol, debemos empeñarnos en hacer TODOS, juego limpio antes, durante y después de un evento deportivo, porque tanto tú como yo también jugamos, no manchemos lo que podemos enaltecer como un sano y familiar concepto de evolución, no involucionemos y nos volvamos cuaternarios, esto no es la ley de la selva, vaya, ni el propio juego como tal.

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