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EL VALLE DEPORTIVO

 

Pedro Eric Fuentes López

El otro día leyendo el Twitter de Andrés Guardado, me imaginé el escenario que permea para todo aquel seleccionado nacional mexicano convocado por Juan Carlos Osorio, por enfrentar al representativo de los Estados Unidos de Norteamérica este próximo viernes en Columbus, Ohio, lugar donde el Tri vaya que ha tenido como dicen, un auténtico infierno en la nieve, y  el mensaje que encontré con dimensiones muy peculiares es este: “…para ellos es un deporte más, para nosotros es todo #ElFutbolEsNuestro y vamos a reclamarlo” escribió en su cuenta El Principito.

Este es el partido que ningún mexicano se imagina perder, ni tú ni yo. No está permitido. Una derrota contra Estados Unidos está fuera de cualquier ecuación, sueño, pronóstico o broma. La tensa rivalidad entre México y Estados Unidos se ha convertido en un duelo que tiene pocas comparaciones en el mundo, partidos de sangre caliente, encuentros que se juegan a miles de revoluciones,

La rivalidad futbolística entre estas dos naciones, es el enfrentamiento de las selecciones de fútbol de ambos países, y desde hace mucho tiempo, pero mucho, han sido catalogadas

como los rivales más importantes del área. Y aunque ambas selecciones comparten también otros duelos muy relevantes, protagonizan aparte, una rivalidad entre ambas aficiones.

Esta será la cuarta ocasión que se vean las caras en el MAPFRE Stadium, incluso elegida por la federación estadounidense por la poca presencia latina que radica por esos lares, ya que ahí viven alrededor de 44 mil habitantes, que además de cualquier situación, están acostumbrados a vivir con la temperatura que prevalece. Lo menciono porque quizá como lo ven los anfitriones pudiera ser un hándicap aparte.

Cabe destacar que algunos portales electrónicos consideran a ambas selecciones como las más exitosas de su confederación, siendo las únicas junto a Canadá en ganar la copa oro desde 1991, también las distinguen como los equipos nacionales con más copas del Mundo disputadas en Concacaf. Inclusive son los únicos selectivos de su confederación en organizar al menos una sola ocasión una Copa Mundial de Fútbol.

La historia nos dicta, a pesar de que no es un número exacto, las victorias en partidos entre selecciones mayores, desde el primero disputado en 1934, donde se ha mantenido inclinado hacia México, pero desde la década de 2000 la selección estadounidense ha ido equilibrando el historial dominado en un principio por el Tri. Es así que el historial de enfrentamientos oficiales según la FIFA, de un total de 66 encuentros, muestra 34 triunfos para México, 18 para Estados Unidos y 14 empates.

Si es un clásico o no, la misma historia juzgará, pero lo que es un hecho, es que para este cotejo de una sensacional emoción porque es el camino para el Mundial de la especialidad a Rusia 2018 lo hace todavía más llamativo, tanto así que ambos estrategas planearon con mucha antelación sus respectivas convocatorias y al parecer, dicen, estarán los mejores hombres hoy por hoy defendiendo sus colores.

Y para muestra, también el botón que presentó Jürgen Klinsmann, técnico del combinado de las barras y las estrellas cuando apuntó que la rivalidad existente entre Estados Unidos y México en el balompié, es una de las mejores del fútbol mundial, incluso señaló que para él es comparable a la que existe entre Alemania y Holanda en términos de la intensidad y emoción que suscita en la afición.

Sin duda, coincido con el tema que trata de una rivalidad condimentada por la relación de ambos países, de ambos pueblos, fuera del campo. "Es diferente a cualquier otra en el mundo, afecta a más personas, sus familias, sus identidades culturales y, hasta a veces, políticas", le asegura a BBC Mundo Pablo Miralles, autor en 2012, junto a Michael Whalen y Roberto Donati de un documental sobre la rivalidad futbolística entre ambos países, Gringos at the Gate, cuenta, le enseñó que en realidad es "una rivalidad de tres naciones. Mexicanos, estadounidenses y mexicanos-estadounidenses".

Y así como Guardado y una gran cantidad de mexicanos, que hablamos al unísono de este cotejo, la contraparte, en la figura del capitán estadounidense Michael Bradley,  señaló también en su cuenta de Instagram sobre la importancia del encuentro: “…está claro que el partido no se vive de igual forma a un lado y otro de la frontera; los juegos en contra de México son diferentes", escribió, "no hay otra manera de ponerlo. La pasión. Los colores. El respeto. El odio. Estos son los partidos que siempre soñé jugar. El 10 de octubre tenemos la oportunidad de escribir otro capítulo", sentenció.

Sea como sea, y con todos los dimes y diretes entorno a este vital compromiso futbolero, debo reconocer, salvo tu mejor opinión, que nuestro país tiene más presión, toda vez que en Estados Unidos el balompié no es el principal deporte y acá parece hasta religión, y que arroja, en caso de una derrota (toco madera) puede verse como tragedia nacional, del otro lado de la frontera nadie espera que algún alma adicta al fútbol siquiera derrame una lágrima en caso de perder.

Cierro con esta cita del escritor mexicano Juan Villoro. "Un mexicano adicto al fútbol es, entre otras cosas, un masoquista que colecciona agravios, jueves de dolor para los que no hay domingo de resurrección", escribió alguna vez…

tú qué opinas?

Pásenla bien!!!

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