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DÍGALE QUE SE PREPARE… ESTAMOS EMBRIAGADOS DE PODER

“Nos tratan como si gobernáramos”, se quejó Jesús Ramírez Cuevas, vocero del próximo gobierno federal, y acuso que tanto la sociedad como los medios de comunicación les exigen respuestas como si ya fueran autoridad, pero parece que no se ha percatado de la realidad.

Al día siguiente, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, visitó Toluca donde anunció inversiones para el Estado de México –aún sin tener presupuesto aprobado por el Congreso de la Unión- y delineo, de manera muy general, su programa de seguridad pública, que –aseguró- estará listo para finales de octubre.

Y ese mismo día, Javier Jiménez Espriú, quien será el próximo secretario de Comunicaciones y Transportes del gobierno que arrancará en diciembre, realizó un recorrido por la zona donde se construye el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) e ingresó -junto con la comitiva y los habitantes que le acompañaban- a un terreno que es propiedad privada.

Se provocó un incidente que se registró por los medios de comunicación –los “fifís”, como los llama López Obrador- y se escucha cuando la representante legal de la empresa propietaria de los terrenos, les pide que se retiren del lugar.

Amable, pero visiblemente molesto, el casi funcionario le pregunta a la mujer: ¿Cómo se llama usted? –Ella se identifica, y el próximo “servidor público” se presenta y la reta: “Yo soy Javier Jiménez Espriú, seré el secretario de Comunicaciones y Transportes a cargo de la construcción del aeropuerto. Tome nota de mi nombre, tome nota de mi teléfono y me acusa usted, por favor, ante el Ministerio Público”.

Ella insiste en pedirles que se retiren. “Usted me está diciendo que me retire”, responde Jiménez Espriú. “Sí, por favor, es propiedad de la empresa”, subraya ella y señala que la empresa dueña de esos terrenos se denomina: Martínez Villegas.

“¿Me puede presentar la escrituras? porque yo entré por el campo” –solicita quien encabezará la SCT federal.

“Ahí tiene el letrero que dice que es ‘propiedad privada’” –explica la abogada.

 Jiménez Espriú responde: “Está bien, me voy a retirar. Y dígale al señor, al dueño de la empresa, que lo voy a citar para que me muestre todas las autorizaciones que tiene para explotar este banco”.

Sigue el intercambio de preguntas y viene la amenaza –sin ser autoridad alguna, todavía-: “Dígale al señor que prepare todos sus documentos, se los vamos a pedir, porque estamos haciendo una investigación… por lo pronto aceptamos que nos corra (…) Sí, de una vez le decimos que vamos a pedirle –de inmediato- téngalo listo el primero, porque el día dos (de diciembre) le vamos a pedir toda la documentación que nos demuestre fehacientemente que está en la legalidad, lo que están haciendo aquí. Gracias, con permiso. Vámonos”.

Y conociendo y viendo esos hechos, llama la atención que el vocero presidencial asegure que no son gobierno, pero se comportan como si lo fueran y además con expresiones de prepotencia.

Bien advierte Bárbara Tuchman, en su obra La marcha de la locura. La sinrazón desde Troya hasta Vietnam: “La insensatez es hija del poder”.

¿Será acaso que los morenistas, en su discurso de confrontar a quienes les cuestionan y descalificando a aquellos que los observan y critican, están viviendo tempranamente “la embriaguez del poder”?

Les recomiendo leer a David Owen en su libro “En el poder y en la enfermedad”. Podría darnos algunas pistas de lo que podría vivirse en unos meses más.

PERCEPCIÓN

¿Por qué la “nueva clase política” está cerrando la comunicación con los medios informativos y con los analistas de la entidad? ¿Será acaso que se sienten blindados para no ser cuestionados?

 

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