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Cuando el Sismo Comulga con la Pobreza

 “Crónica de un recorrido por Ocuilan”

Por: José Nader

Fotografías: Nayib Nader

Ocuilan, Méx.- Apenas habían pasado unas horas del sismo del pasado martes 19 de septiembre que azotó el centro de la República mexicana, cuando las muestras de solidaridad del pueblo mexicano se hacían presentes en la Ciudad de México, Morelos, Puebla y Estado de México.

Municipios mexiquenses como Ocuilan, Tenancingo, Malinalco, Joquicingo, Villa Guerrero, Santiago Tianguistenco, Ecatzingo, Amecameca y Atlutla, entre otros, sintieron la furia de la tierra, aquella que con este tipo de fenómenos naturales nos recuerda nuestro estado de fragilidad y la importancia de trabajar en políticas de protección civil que pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.

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El pasado martes y miércoles, muchas personas de los municipios del Valle de Toluca de inmediato iniciaron el acopio de víveres, posiblemente con la idea de ir a la Ciudad de México que nos dejaba las escenas más dantescas de esta tragedia, sin embargo, conforme llegaba la información también se sabía que había miles de mexiquenses que demandaban de la solidaridad de sus paisanos.

Así es como algunas familias, negocios y empresarios, empezaron a organizarse para llevar la ayuda, muchos de ellos canalizándola a través de diversas instituciones y otros que decidieron llevar directamente los víveres a los municipios, de ahí que un grupo de jóvenes llegará directamente al DIF de Ocuilan donde la ayuda era constante, sin embargo, la desorganización también lo era afectando que lo víveres llegarán lo antes posible a los afectados.

Después de ayudar en las labores para bajar las donaciones, almacenarlas y organizarlas, se dio paso a subir cien despensas a un par de camionetas para que un grupo de la sociedad civil y dos personas de las autoridades municipales acudieran a las comunidades donde se habían derrumbado viviendas.

El recorrido inició en una casa donde sólo había mujeres, su hogar estaba todo cuarteado  y su mirada reflejaba el dolor de perder su patrimonio, ahí una pequeñita de unos tres años de nombre Lupita, tomó la palabra e invitó a los jóvenes a pasar a su casa pues el temblor “la había roto”, una frase que de inmediato provocaba un nudo en la garganta pues toda esa familia no tenía donde vivir y por ende seguían arriesgando la vida en su casa afectada.

Mientras que la lluvia caía, transitar por los caminos de terracería era más complicado, sin embargo, el recorrido continuaba para entregar una despensa que seguramente se convertía en una pequeña ayuda, nada comparado con lo que viene que es garantizarle a cada una de las familias afectadas un verdadero apoyo para que puedan reconstruir sus viviendas.

Poco a poco seguía el recorrido de las casas, en algunas de ellas, donde la destrucción era evidente, ya no había gente, sin embargo, en la mayoría todavía estaban las familias habitándolas, alegando que no tenían donde más vivir o que no podían salirse pues ahí tenían sus escasas pertenencias, algo que debería estar en segundo plano cuando la vida está en riesgo, un aspecto que ojalá atienda Protección Civil, que al menos hasta ese día, no había recorrido los hogares afectados.

En uno de los puntos, uno de los directores del Ayuntamiento de Oculian decía que el apoyo se los mandaba el Presidente Municipal por lo que de inmediato uno de los ciudadanos lo agarró de los hombros y le dijo que no politizará algo tan noble como la ayuda de miles de ciudadanos, que le quedará claro que los víveres, los autos y la ayudan no eran del alcalde sino de un pueblo solidario.

Don Juan era otro de los afectados pues vivía en una casa de dos niveles al fondo de una pradera, inmueble que sufrió daños considerables por lo que nos platicaba que habían tenido que desalojar la casa y vivir en un cuarto adjunto que no había sufrido daños, aun así, la desolación y preocupación eran constantes pues nos comentaba que no sabía que pasaría en su vida y en la de su esposa pues ya eran dos personas grandes con escasas posibilidades para poder iniciar lo que toda una vida les había costado.

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Cada despedida en un hogar afectado iba acompañado de palabras de aliento, recomendaciones para que no vivieran en sus hogares afectados y que confiaran en la solidaridad del pueblo y en las autoridades pero tristemente las lágrimas de muchos damnificados también representaban incredulidad contra aquellos que por décadas han estado ausentes, algo que se pudo ver en este recorrido donde la pobreza es extrema y lacerante.

Y precisamente la parte más complicada de este recorrido es cuando llegamos a un terreno donde habían unas cuatro casas de madera las cuales habían perdido forma por el sismo, casas sin piso firme donde el lodo se impregna en las plantas de los pies de los pequeñitos que no entienden lo que está pasando, ellos juegan a pesar de que se les ve refriados y desnutridos.

Ahí, a esas personas viviendo en pobreza extrema, no sólo se le debe dar madera sino el apoyo total para que edifiquen vivienda digna en la que los pequeñines puedan tener una vida digna, sin tanta marginación y con una luz de esperanza que les permita crecer en mejores condiciones.

Otro de los casos que me llamó la atención fue el del señor Indalecio, quien acongojado nos platicaba que su casa la había levantado con el dinero que durante años mandó a su familia desde Estados Unidos donde trabajó como indocumentado, esfuerzo que hoy quedaba marcado por las cuarteaduras de sus pisos y paredes pero principalmente de la preocupación de cómo volver a edificar en un corto plazo lo que durante muchos años le había costado.

La noche caía, la lluvia era más fuerte y el olor a tierra mojada se impregnaba en el alma de quienes eran testigos de este recorrido solidario, personas que de inmediato sabían que una o dos despensas no serán suficientes por lo que habrá que concientizar a la sociedad que más que nunca se demanda solidaridad la cual debe estar enfocada en la labor de reconstrucción.

En Ocuilan se pudo observar que el sismo comulgó con la pobreza para dejar historias  tristes y preocupantes que deberán ser atendidas, sin embargo, no sólo es Ocuilan sino otros 11 municipios declarados en emergencia, es Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas, donde la pobreza extrema encontró un maligno cómplice con este movimiento telúrico.

El regreso a Toluca fue en silencio, cada una de las historias impactaba a los ciudadanos voluntarios, hay mucho por hacer pues así como transcurran los días incrementará la desesperación de las personas que perdieron todo y vivían al día, familias que ojalá sean atendidas a través de programas de reconstrucción donde ciudadanos y principalmente las autoridades destinen recursos económicos a esta tarea que debe ser inmediata y no tardada por la clásica e ineficiente burocracia.

En una de sus obras, William Shakespeare decía, “hemos venido a este mundo como hermanos; caminemos, dándonos la mano y uno delante de otro”, algo que tendremos que hacer en estos momentos pues evidentemente son miles de familias de mexiquenses y mexicanos que hoy lloran la pérdida de un ser querido pero además que no podrán salir adelante solos, necesitarán de la nobleza, el buen corazón y la solidaridad de aquellos que no sufrieron una desgracia pero que deben estar conscientes que ante el poder de la tierra, todos somos susceptibles de necesitar del prójimo el día de mañana.

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