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Combatir el Abstencionismo Rumbo al Constituyente

Ciudad de Méx.- Estamos a pocos días de llevarse a cabo en la Ciudad de México un proceso electoral inédito para la vida democrática de nuestra Capital: elegir al 60 por ciento de los representantes que redactarán por primera ocasión una Constitución de donde habrá de surgir el ideal de convivencia y la visión de Ciudad que queremos para las próximas generaciones.

No es cosa menor; será la primera vez, desde 1824 cuando se fundó el Distrito Federal, que podremos aspirar a una verdadera autonomía en casi 192 años y con ello, tener acceso a la creación de un instrumento normativo que deberá reflejar la Ciudad de México que merecemos, dejando en claro el conjunto de derechos y obligaciones establecidos por nuestra Carta Magna y que a la vez, sea escrita con visión de Estado para que perdure en el tiempo y no corra la tentación de ser constantemente reformada al capricho del cuerpo legislativo en turno.

En COPARMEX consideramos que con tales características podríamos dar ejemplo desde la Capital de la República de que nuestra Constitución aspira a ser un ejemplo de sencillez, claridad, y pleno respeto a un auténtico Estado de Derecho.

El ideal que visualizamos desde la COPARMEX CIUDAD DE MÉXICO es que dicha Constitución debe servir, desde su redacción, para que el Jefe de Gobierno, su gabinete, la Asamblea Legislativa y los alcaldes de las que serán demarcaciones políticas cuenten con mayor autonomía presupuestal, además de que se impongan mecanismos institucionales de mayor supervisión, vigilancia, transparencia y rendición de cuentas que inhiban la corrupción.

La Constitución de la Ciudad de México debe ser un eje de transformación para mejorar la calidad de vida de los capitalinos y una oportunidad para la gobernabilidad, generar condiciones de prosperidad para sus familias y el desarrollo económico de la Capital en el que debemos involucrarnos todos.

Para lograrlo, debemos tener en el Constituyente representantes que hagan suya la voz del común de los ciudadanos para integrar en la Carta Magna de la CDMX los mecanismos para acabar o reducir de manera significativa la corrupción, la impunidad, la falta de transparencia en el manejo de los recursos públicos, así como acabar el privilegio de los intereses particulares y los de grupo por sobre los de los ciudadanos.

La participación de la ciudadanía en cualquier democracia es fundamental para plantear, direccionar y lograr los cambios que un Estado-Nación requiere. Es lo mismo en nuestra nueva entidad Ciudad de México. Sólo la participación mayoritaria de quienes vivimos en la capital de la República Mexicana permitirá lograr una Constitución de los ciudadanos.

El voto seriamente ejercido es una herramienta que nos puede permitir la recuperación de la democracia y, sobre todo, de la política; los habitantes de la CDMX debemos darle todo el valor que tiene el derecho político del voto libre, universal, directo y secreto tan esforzadamente conquistado porque, además, en las sociedades modernas es la única forma de gobernar.

Tomemos entonces la decisión de gobernar; adueñémonos de tal prerrogativa. La sociedad civil debe tomar su lugar en el espectro democrático y salir a votar por la opción de su preferencia con responsabilidad, porque no se vale quejarse de los que gobiernan o de quienes los votaron para gobernar, si no se actuó.

Si los ciudadanos de la Ciudad de México tenemos el lujo del que carecen algunos otros países, como es el de poder ir a votar y decidir con nuestro voto el destino de nuestra sociedad, no lo abaratemos o lo menospreciemos y ejerzamos nuestro derecho.

Es mucho lo que está en juego como para que los ciudadanos no hagamos lo necesario por involucrarnos en dicho ejercicio democrático.

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