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A mitad de la semana

 

Por: Julián Alfonso Chávez Trueba

 

Sin educación vial

¿A quién de ustedes les da coraje algunas maniobras que se inventan los conductores que vienen en otro coche? Absolutamente a todos, porque a nadie le gusta encontrarnos tráfico en la ruta hacia nuestro trabajo en la mañana cuando ya vas tarde, o saber que para regresar a tu casa deberás de pasar otra hora en el coche, porque a todos los “Godínez” se nos ocurre salir a la misma hora de trabajar y saturamos las calles, o tal vez peor, tenemos esa enfermedad que nos obliga a asistirnos de una taza de baño con urgencia. Si a esto le sumamos el tráfico motivado por un choque entre dos autos que no se pueden mover de la vialidad, que tenemos el estrés del trabajo y que además la señora (léase novio, novia, amante, amig@) nos está esperando con los boletos de la función en la mano, y nosotros no estamos a su lado, pues obviamente, en cuestión de segundos se detona el vikingo, bárbaro, iletrado y tonto que todos tenemos sumiso en nuestro interior, pero que con una voz de desesperación deja de callar y pasa de susurrar, a gritar, y explotar.

La vida de Toluca pasa sin educación vial, día tras día, sin mirar recovecos, sin que pase algo que la detenga, inerme, con una expresión impávida de serenidad de quien ve que algo pasa y pasa repetidamente sin modificaciones, como papeles en la oficina, como hilos en un textil. Nadie hace nada, todo es un caos y nos sale el más primitivo de nuestro ego.

En la nota de hace una semana, nos embaucábamos con pensamientos que nos hicieran recapacitar en nuestras acciones, encausadas a la situación en que nos encontramos, es decir, que muchas veces solo nos toca hacer lo que nos corresponde porque es donde estamos parados.

De tal forma que lo que nos toca al conducir es ser un buen samaritano, digo, chofer; pero, porque siempre existe un pero, la cruel realidad es que nos desesperamos y deseamos pasar por encima del coche de enfrente, al dar la vuelta nos metemos en segundo carril para dar vuelta y los de atrás que se frieguen, porque don ©H¡n&0n le vale la vida de los demás, y pasa por encima de cualquiera para dos míseros segundos menos en su trayecto.

Es por ello que les brindo este toque de serenidad y calma, casi al leerlo de nuevo me vuelve a dar el cólera que sentí cuando un baboso en un camión repartidor me recordó a mi madre (que ni culpa tiene de que sea como soy) porque el fulano vio mal que hiciera maniobras sin tráfico atrás de mí, y el a pesar de que aceleró a fondo, no me encontró en mala posición; ¡ah! Pero eso sí, me detuve (malamente) a hacérsela de jamón (su torta, por supuesto) y el señorito venía hablando por teléfono.

Pero bueno, a todos nos ha pasado de todo en el volante, sin embargo, lo que es deseable es que prediquemos con el ejemplo. Si bien criticamos y  nos exasperamos alguien que no puso las direccionales, deseable es pues, que pensemos si las nuestras siquiera sirven.

Según las estadísticas elaboradas bajo la más rígida de las metodologías, (conteo de una semana dentro de mi vehículo) un 75% de los vehículos que tenía frente a mí, no tenían las luces completas, sin stops, sin direccional o en vez de luces de noche tenían infinitamente la reversa; el 50% de las personas usa su direccional para avisar que va a dar vuelta. Recordemos que la direccional indica que estamos próximos a dar vuelta, no que estamos dando vuelta (o peor aún) que dimos vuelta. Además de que el 92% de los motociclistas invaden carriles y no respetan el propio. Entonces, me queda claro que si el 100% de nosotros nos enfadamos con el de enfrente al conducir, hay algo que nosotros no hacemos bien; recapacitemos, para criticar es porque no tenemos (fregada la cosa) el mismo error.

Con esta pequeña muestra podemos darnos cuenta por qué en México se mueren más de 60 mil personas al año en accidentes vehiculares (este si es dato oficial). Si a esto le sumamos que está de moda llamar por teléfono mientras conducimos, “textear” o revisar cualquier cosa en el celular, definitivamente se incrementa el riesgo de tener un accidente.

Es por ello que mi hermano Carlos, acuñó una frase familiar que decía “muchos accidentes no son imprevistos reales, sino que los vamos elaborando poco a poco hasta que se detona sin que hayamos pensado en ellos”. Y es la verdad, los fumadores a sus 50 años dicen “por qué tendré gastritis”, los papás que dejan correr a sus hijos mientras planchan “por qué se quemó mi hijo”, y por supuesto, nosotros los conductores “se me atravesó y no lo vi”.

Seamos conscientes del lugar donde nos encontramos, si estamos conduciendo hagamos reflexión de que llevamos el control de un vehículo de más de una tonelada de peso (la mayoría, porque ya hay unos micros), que con 60km por hora, 2 segundos son varias decenas de metros, que si matamos a alguien será homicidio imprudencial (de entrada) y que a pesar de ser cotidiano el conducir un coche, no se debe menospreciar nuestra seguridad.

Revisemos nuestras calaveras, nuestros stops, nuestras direccionales, usémoslos, para algo están, de verdad, cientos de ingenieros se quebraron la cabeza para que funcionen, decenas de diseñadores las hicieron bonitas y varios abogados las pusieron en una Ley para que sean obligatorias porque muchos médicos, heridos y muertitos, los obligaron a ello.

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