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A mitad de la semana

Por Julián Alfonso Chávez Trueba

El famosísimo PANINI

A pesar de que la marca Panini, para los neófitos como yo, nos resulte una evocación a una especie de pan italiano con queso parmesano y forma extraña, lo conocedores sabrán de entrada, que nos referimos al álbum de tarjetas coleccionables conmemorativo del Mundial de Futbol Rusia 2018.

En este último mes se ha volcado la sociedad entera en la compra del álbum (y los sobres de estampas coleccionables) del álbum Panini del Mundial, que como estrategia publicitaria colocan a al alcance de todos, a todo el universo de futbolistas que participarán en el justa mundialista.

Hasta ahí va bastante bien la cosa, porque es un artículo coleccionable para quien le guste y tenga dinero para ello, así es la libertad, la situación se torna curiosa cuando vemos a los padres de familia que hacen grupos de Facebook, se reúnen para cambiar y hacen hasta un mercado de intercambio solo porque “le está ayudando a su hijo”.

Aja!, si le están ayudando al hijo pues deberían de dejarle hacer los intercambios a él, es educativo, divertido y es el objeto de la colección; pero lo que pienso es que estas personas no tuvieron infancia y están tratando de robarle diversión a alguno de sus hijos. Aquí excluyo por completo a los que los adultos que compraron el álbum para ellos, porque es su decisión llenarlo, no se están haciendo los que no quieren, pero ahí están.

Me parece importante mencionar, que los papás permitan a sus hijos llenar su álbum de a poco, con la emoción de que cada sobre pudiera contener la que falta, que le permitan aprenderse los nombres de sus figuras favoritas y que ellos mismos hagan sus intercambios.

La idea es propiciar un conocimiento en el que se le dé un valor a las cosas y además se diviertan, no que para que no esté fregando el hijo le compro todas y entre más temprano llene el álbum mejor.

Dejemos a los niños ser niños, que exploren su mundo y que hagan buenos y malos tratos para que aprendan a hacer negocios, intercambios y valoren cada tarjeta que tienen.

Seguramente los padres que juntan el álbum por sus hijos son los mismos que les “ayudan” con toda la construcción de los objetos más descomunales en lego. Aprendamos a soltar, a que os niños hagan lo que nosotros cuando éramos niños, porque es el momento de aprender y de experimentar, no de ver como el adulto lo hace por ellos, ya mucho podemos hablar de estas nuevas generaciones que todo quieren a la mano y no pueden esperar nada por ello. Necesitamos enseñarles el camino de las cosas para que ellos mismos encuentren el éxito tan grande y la satisfacción que produce completar algo difícil y laborioso. Esa sensación no la van a tener si nosotros les hacemos esa labor.

A quienes siguen llenando su álbum deseo de todo corazón que lo completen pronto y a quienes “ayudan” a alguien a encontrarlo deseo de todo corazón que encuentren otro hobbie para que dejen el que no es suyo y se enfrasquen en el que permita a los demás divertirse en otros.

 

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