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A mitad de la semana

Por Julián Alfonso Chávez Trueba

Los migrantes hondureños

Muchas opiniones hay al respecto de este éxodo hondureño por nuestras tierras mexicanas, que si los debemos detener, que si los debemos dejar pasar, que no los debemos ayudar, que les pidamos visa, etc. pero lamentablemente ninguna opinión es tan simple como para ser verdadera, ni tan sencilla como para ser la única correcta.

El primer punto que debemos de tomar en cuenta es que todos los humanos tenemos derechos por el simple hecho de serlo, por tanto nuestros hermanos hondureños no tienen por qué sufrir carencias ni falta de oportunidades en su país o en otro, sin embargo tienen obligaciones que seguir.

El primer problema que veo es la magnitud de personas y la poca capacidad de nuestras autoridades para atenderlas. Hasta el momento no llegan ni a 500 visas entregadas por más de 7 mil personas que han cruzado ilegalmente nuestra frontera sur, es decir, está plenamente rebasada nuestra autoridad.

Ahora bien, el llevar policías a la frontera para contener a la gente implicaría conseguirlo, es decir, no pueden ser objeto decorativo nuestros agentes policiacos, deben de imponerse y se efectivos, porque eso habla de la debilidad en la aplicación de la normatividad.

No se debieron colocar policías, se debió colocar un número importante de agentes aduanales, con barreras físicas que sirvieran de contención de tantos migrantes, así, si se ven rebasados, son los burócratas administrativos que no se imponen sino que sirven, es decir, podrán rebasar la actividad administrativa pero nunca la actividad coercitiva.

Ahora las autoridades han hecho bastante bien el auxilio a las personas que van caminando en Chiapas, pero ya se olvidaron de la necesidad de encausarlos a la legalidad con la expedición de documentos que conlleve a su registro y posterior estatus migratorio, porque de la forma que van solamente se convertirían en niñera de los hondureños, aceptando lo que hacen a su paso y pagando consecuencias.

Creo que el gobierno puede y debe atender las necesidades de manera preventiva, continuar con la labor migratoria y detener de manera tajante y precisa alguna actividad ilícita que se pudiera desencadenar al respecto.

Cabe señalar que algo con lo que no comulgo es con la actividad de mendigar, pedir limosna, que algunos centroamericanos han tenido a bien hacer cerca (y no) del as vías del tren, puesto que en el Oxxo junto a mi trabajo, está el ejemplo a seguir para todos nosotros. Un trabajador que cuenta con solo una pierna, se las arregla para prestar sus servicios en la tienda de manera eficiente, incluso mejor que muchos que he observado, sin chistar, ni compadecerse de sí mismo, sino actuando y echándole ganas; esos son verdaderos héroes.

Por el momento, estaremos a la expectativa de saber si algunos pasan por nuestra bella Toluca, que en estas épocas es pintoresca por la Feria del Alfeñique, para que por lo menos lleven un grato recuerdo de esta ciudad.

 

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